
M42. Nebulosa de Orión (Fuente wikipedia: por Rochus Hess)
Índice
— Todos estamos constelados familiar y cósmicamente.
— Curación y constelación cósmico-social-tecnológica.
— Experiencias de conciencia fuera de lo normal: George Kavassilas, Inelia Benz, etc.…: a la luz de ‘Un curso de milagros’ (O del mutuo enjaulamiento del espíritu (‘granjas de egos’) entre 3D y 4D… y otras lindezas similares).
— A modo de conclusión (y notas a añadir y elaborar)
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Todos estamos constelados familiar y cósmicamente
Aunque en último término solo podemos curarnos nosotros a nosotros mismos porque todo está en la mente, resulta que como en realidad somos una sola mente, siempre estamos por defecto constelados inconscientemente —o intrincados— con nuestras familias, amigos, etc. (y en ese “etc.” vamos a incluir, por supuesto, todo tipo de conciencia-ego en el universo).
Y por duro que suene, tal intrincación consiste en compartir ataque, separación; tal ataque es como si se guardara, inconscientemente, y ya desde nuestra primera infancia, donde por ejemplo tenemos que asimilar que la madre no es un “recurso” que está siempre ahí para nosotros (ya hay expectativas destinadas a fallar, sí o sí, pues el ego es eso en cierto modo). Tal asimilación que nos separa individuándonos (“fatídica” y obviamente necesaria, por otra parte, una vez que creemos estar solamente en el mundo)… tal asimilación… digamos que la conseguimos haciéndonos fantasías… es decir, mediante la creación de imágenes ilusorias en nuestra mente (tomando aquí la palabra ‘imagen’ en un sentido general, en de la mente ampliada).
El ataque es, además, la sustancia de toda “relación”, pues el amor en realidad apunta hacia afuera, a la expansión (podríamos llamarlo “amor espiritual”). Si nos damos cuenta, normalmente no existe nadie a quien libréis de todo tipo de reproche, de juicio en general “condenatorio”… y por el motivo que sea. Esto es lo que en el fondo nos une en las relaciones de tipo especial, donde guardamos secretos, expectativas, proyecciones, etc.
Es decir, sea cual sea el motivo por el que sentimos molestia con los aspectos de otras personas… aunque parezca mínimo o sin importancia… si miramos bien, nadie se salva en nuestra mente, siempre hay alguno de esos motivos de molestia… siempre hay algo que tachar en alguien. Siempre conseguimos alimentar la sensación de ser diferentes mediante algo que pensamos —más o menos conscientemente— que “mejoraríamos” en los demás, que habría que “mejorar”, o mediante algo sobre lo cual juzgamos que los demás “son mejores” que nosotros. Esto lo usamos entonces, desde niños, para nuestra constante creación de identidad… ya sea “buena” o “mala”. Este el mismísimo movimiento que arma el infierno del ego, ese ego que, como dijimos en otros lados, viene aquí a buscar confirmarse en tanto ego, como identidad separada (la esencia que nos une separándonos en el infierno del ego: todo el mundo tiene una historia personal, identidad…).
También podríamos decir que lo que se comparte al compartir tal ataque es falta de perdón; este ataque es el remanente, el producto de las interacciones espejeantes del ego… y que conforma la sustancia de las “relaciones especiales” con familia, amigos, etc. Y como dijimos: es la base de nuestro sentirnos especiales, diferentes.
Pero este tipo de intrincación además seguramente se extiende, como decíamos —y desde siempre— a toda la conciencia-ego que conforma el universo, y sea como sea que esté encarnada. Es decir, que seres humanoides de todo tipo estarán seguramente desde siempre intrincados con “nosotros” en múltiples tipos de relaciones especiales, si bien esto quizá solo parezca ser “importante” para las élites del mundo, que seguramente mantienen desde siempre con todo el secreto que pueden tal interacción o esa “permeabilidad” entre los tipos de conciencia-ego por el universo; estos tipos es de suponer que, en todos los niveles, estarán seguramente mucho más unidos de lo que nos podríamos creer al nacer nosotros aquí, condicionados por nuestras culturas y cuerpos humanos en una determinada “granja de egos” —y más en la cultura moderna, que se dedicó ex profeso a liquidar testimonios (indígenas, etc.) y que aún gasta muchas energías en mantener una cierta normalización ambiente que a mucha gente ya pone algo de los nervios, pues parecen infinitos los casos de gente que conoce esta realidad.
Curación y alusión a la constelación cósmico-social-tecnológica
Y bien, pero a la vez todos estamos enganchados a una especie de campo que perdona y deshace las consecuencias de todo ataque… y que hace tal cosa “por nosotros”, que hace absolutamente todo… pero si le dejamos (y hay que ponerse muy simples, inocentes, a veces, para dejarle “curarnos”). Esto lo podréis comprobar en ciertos tipos de terapias, donde en realidad os curáis vosotros a vosotros mismos enganchando más o menos inconscientemente ahí (pues ese “ahí” es un lugar donde también somos); este engancharnos con dicha fuente de los cambios de percepción o “milagros” es un proceso simple pero incomprensible para nuestro ego… un proceso que en realidad es generalizado, de “perdón” generalizado.
Para un tal campo no existen límites en cuanto a qué consecuencias del ataque se pueden deshacer, es decir, en cuanto a deshacer las consecuencias de ese ataque constante mental que es la base de todas nuestras personalidades —la base de nuestra falta de perdón sistemática conformadora de ego (más o menos “sano” para el mundo, aquí da igual “la normalidad”, pues todos estaríamos locos de remate).
Y además, como dijimos, estamos aprendiendo que todo en el universo es mental. Así, también podría ser útil aprender a mirar nuestros sistemas técnicos-tecnológicos-sociales, etc., en tanto que son ciertas implementaciones de dicha intrincación cósmica, la intrincación que pueda tener nuestra capa de consciencia-ego (ataque-culpa) “humana”… con las demás que están solo aparentemente separadas. Así pues, sistemas de todo tipo, y de forma global… estarían relacionados con faltas de perdón “cósmicas” (y vienen de aparentemente muy lejos en el tiempo quizá… y se mantienen quizá a oscuras para precisamente seguir alimentando relaciones especiales, donde los egos espejean (ya hablamos del secreto que alimenta nuestra diferenciación en relaciones especiales, lo cual es el truco del ego, lo que vinimos a buscar aquí al universo hasta que nos demos cuenta de que más bien somos espíritu y todo está “perdonado”, en cuanto queramos elegir tal cosa)).
Así, estas intrincaciones y estos sistemas vemos que conseguirían a menudo hacer todo más “masoquista” (vemos por ejemplo el actual paradigma del esfuerzo y el trabajo en la humanidad…)… o todo más megalómano… más egoico-”masivo”… etc. Por ejemplo, el antropocentrismo actual, artificialmente creado (lógicamente)… sería solo un aspecto más… y sería un antropocentrismo que oscurecería, por defecto, obviamente, el hecho de que siempre habríamos estado en contacto con otros tipos humanoides. Es decir, todo lo que tenemos a nuestro alrededor podría verse como la huella de nuestra constelación “familiar” humanoide ampliada a nuestra “familia cósmica” (y recordemos que a menudo en las familias es donde la gente peor se lleva
).
Experiencias de conciencia fuera de lo normal: George Kavassilas, Inelia Benz, etc.…: a la luz de ‘Un curso de milagros’ […O del mutuo y constelado enjaulamiento del espíritu ('granjas de egos') entre 3D y 4D… y alusión a otras lindezas similares]
Es fascinante ver qué bien encajan las experiencias de conciencia “fuera de lo normal” con lo que hablamos en el blog últimamente; es decir, con ‘un curso de milagros’ (es decir, con este material “espiritual” que es “no-dualista puro”).
No somos expertos en esto, no somos por ejemplo “ufólogos“… pero estos testimonios muy directos que enlazaremos abajo son realmente fascinantes, por lo integradores y completos. En el caso de Inelia Benz, no se tratará de hablar de “extraterrestres”, sino simplemente de mostrar cómo se siente más conectada desde siempre a la Fuente… en una conexión que normalmente a nosotros nos costaría mucho más y que por otra parte no es algo que podamos forzar así como así (ya que incluso normalmente no lo queremos hacer).
Hemos dicho que:
— al igual que en una familia existen por así decirlo “lazos inconscientes” que parecen obligarnos a repetir patrones —digamos que debido a una fidelidad inconsciente al sistema—, y siendo el ego precisamente este ciclo absurdo de repetición de patrones, de identificación, de conformación de identidad o individuación demente…
— en la familia cósmica estaríamos “constelados”, intrincados en redes de “problemas”, de individuaciones, en este mismo sentido de “lazos inconscientes” (con “otros humanoides”). Leer el resto de esta entrada »

Vivir de la "luz" (enlace al documental)
Índice:
— El universo es una broma (un poco de mal gusto) que se hace el espíritu a sí mismo…
— …ya que por ejemplo no es necesario comer…
— … ¡y se hizo la luz!……
El universo es una broma “de mal gusto”… o de mucho miedo.
Pero bueno, una vez que vas asimilando que:
— hay una parte tuya (muy delgada aquí, en el mundo del ego), una parte tuya que puede decidir… sobre todo a nivel mental entre: ”paz” y ”guerra”… o entre: espíritu y ego…
— que esta parte se lo está haciendo todo a sí misma en tanto que jugarreta al elegir inconscientemente por defecto siempre guerra y ego en vez de paz y espíritu…
— y una vez que vas “sabiendo” así que el miedo es en realidad algo totalmente inventado, desde el principio y por ti mismo (siendo tal miedo básicamente el origen de este universo-sueño de “necesidades” inventadas…)…
…entonces el “hecho” de que sea simplemente una broma de “mal” —o buen— gusto va convirtiéndose ya en algo vivido mucho más “subjetivamente”
.
Eso sí, resulta que hay escalas del mal gusto.
Por ejemplo, en general es una broma de mal gusto el que nosotros, el que la conciencia-ego, se haya inventado “la necesidad de comer”; aunque luego, eso sí, en este caso a veces es de muy buen gusto, o lo parece al menos, cuando en las situaciones vitales hemos disfrutado consensuadamente del consenso en realidad siempre subjetivo del…: “esto está muy bueno”.
Hasta hace poco yo no podía convencerme bien de hasta qué punto la construcción del aprecio por los sabores… o por los placeres en general… es algo esencialmente compartido —consensuado en un interés compartido (“cultural” diríamos, si nos pusiéramos culturetas… aunque no va de esto, sino que como sabemos… es más amplio).
Es decir, imaginad un mundo donde básicamente cazarais vosotros solos, comprarais, consumierais u os cocinarais “manjares” para vosotros “solos”… individualmente… y que no se hablara entonces prácticamente de “los sabores”, etc.
Entonces, no habría esa “adoración” por la comida, más o menos implícita en vuestras tradiciones familiares o culturales (en realidad casi nadie comería, simplemente… quizá solo los niños hasta cierta edad… y todo hasta que su mente constatara bien el “de qué iba el asunto”… que era más bien “una broma”).
Y por cierto, esta tal adoración no la condenamos, ni mucho menos… pero es que se trata de “otro interés compartido más”, nada más; entonces, por tanto…: se trata de otra oportunidad para sanar más… como siempre.
Así que esto lo vemos de este modo desde que descubrimos que, cosas como la comida, son en lo esencial eso y nada más: un “interés compartido” más… y por ello entonces ya no tienen tanta relevancia en tanto que “necesidad”… pues los intereses compartidos, vistos “desde nuestro espíritu”, son fundamental y simplemente ocasiones para el amor incondicional…, ocasiones en las que podemos reconocer que ya estamos unidos en nuestra otra realidad… en la realidad que apacigua este miedo universal que hemos construido —pues recordemos que aquí venimos a creer, “crear”, recrear y representar esta gigantesca broma de mal gusto (tragicomedia) que es “la separación”, y que es solo una interpretación de la loca idea de la separación… pero… interpretada “a la torera”.
No siempre es necesario comer
Por ejemplo nos podemos conceder, nosotros a nosotros mismos, y a veces por la sanación buscada de nuestra mente (de ese miedo que es nuestra mente)… o a veces sin mucho buscar tal sanación… nos podemos conceder quitarnos la necesidad de comer (el “milagro”, podríamos decir, que tendría que ver con un cambio de nuestra percepción de una tal necesidad). Leer el resto de esta entrada »

Esquema básico de los programas en los que encaja toda enfermedad
Índice:
— Objetivo de este texto
— A vueltas con “lo espiritual” y con Hamer
— Comentario de la sección IV del capítulo 2 de Un Curso de milagros: «La curación en tanto que liberación del miedo»
— A modo de conclusión
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Haber encontrado el increíble descubrimiento de Hamer sobre la enfermedad —ocurrido en los años 1980—es algo que quizá a mucha gente le haya terminado de dirigir hacia “lo espiritual”. Quizá es esto lo que a mí en parte me pasó —por simplificar mucho esta última parte del transcurrir reciente en “la vida”.
Antes de seguir con Hamer y de seguir explicando a cuento de qué viene esto de hablar de forma tan “hortera” sobre “lo espiritual”… hablemos del objetivo principal de este comentario en esta entrada de blog que creo que estás leyendo
Objetivo de este texto
Hay una parte del cap. 2 de ‘Un curso de milagros’ (UCDM) que dice que es un error pensar que el cuerpo pueda crear. En este comentario que haremos abajo, quisiera ilustrar las frases donde se dicen tales cosas (sección IV), intentando enmarcar en ellas ejemplos concretos sacados del descubrimiento de Hamer, con sus sencillos conceptos.
Esto es realmente simple de hacer y de decir, pero requiere tener estas cosas simples muy claras (más claras aún de lo que veréis aquí) y por eso esto va a ser largo (aparte de que lo será porque soy bastante pesado
).
Hamer descubre muy detalladamente que toda enfermedad está relacionada con conflictos concretos en el nivel mental, es decir, en el nivel de las interpretaciones de lo que parece pasarnos en el otro gran nivel, el no-mental, el de los cuerpos —incluyendo aquí obviamente el comportamiento, etc.
Y para cumplir con el objetivo que nos importa aquí en el artículo y en general en el blog y en la vida (que es el entender y el poder aplicar el resto de la vida este texto de UCDM con sus simples ideas, intentando perdonar todo y “disimular” todo lo máximo posible (¡qué simple era la verdad!))… para cumplir con ese objetivo… veremos pues a grandes rasgos que solo hay dos niveles (mente y cuerpo), tal y como expresa UCDM —en UCDM no se habla de otro nivel más que de esos dos.
Solo ocurre algo de relevancia “para el espíritu” (es decir, para nuestra realidad inmortal) cuando el nivel mental, es decir, la mente… esa mente que aquí en cuanto poder real nuestro, en el universo-sueño, queda reducida a básicamente ser capacidad de decisión… cuando ese nivel de la mente se da cuenta de que puede elegir precisamente espíritu… es decir, nuestra realidad inmortal, la verdadera.
Con tal “elegir verdad”, aquí, en nuestra realidad falsa (“la tierra”), se reflejará de alguna manera precisamente tal realidad inmortal (por ejemplo con sentimientos de paz… y a veces con curaciones físicas… o con una fuerte inspiración en vuestros trabajos o quehaceres…, etc.).
Normalmente, para nuestra realidad inmortal —esa que nos pide dulcemente desde nuestro interior que volvamos a despertar a ella…—… para ella no son relevantes los otros dos “campos” que niegan muy directamente lo único positivo que existe (el “amor perfecto” de nuestra realidad inmortal):
— uno es el campo de nuestra “mente usual”, que está dormida eligiendo constantemente “individualidad”, eligiendo constantemente “ego”, es decir, todo aquello que hace una mente que por defecto siempre ya se ha decidido a creer en el ego, a creerse ego… una vez que “baja” al universo. Tal ego incluye y es básicamente una interpretación seria de la idea de la “separación” con respecto a nuestra Fuente. Esta interpretación seria de una idea loca es todo un sistema de pensamiento (el ego), y está implementada ahí delante, en cuerpos, en el cegador mundo de la forma…
— por tanto, el segundo “campo” es el relativo al nivel corporal… al del cuerpo y su comportamiento. El propósito del cuerpo —visto desde el ego— es el de servir para implementar tal interpretación seria de una idea loca: la idea de la separación; y por eso, por ver este espectáculo en el que creemos “vivir”… creemos que existen cosas como la muerte y la destrucción… la degradación o el sufrimiento… la carencia, etc.… aunque solo sean nuestra creencia (apoyada por lo que parece ser todo un universo, pero esto es lo de menos “para el espíritu”).
Así, estos dos campos en realidad si parecen “existir” es solo para posibilitar el despertar. Para nuestra realidad inmortal literalmente no existen; pero en el nivel de nuestra práctica obviamente creemos que existen y debemos hacer algo con ellos (entregando la percepción); nuestro trabajo es pues el de despegue, trabajando precisamente la metafísica simple que nos indica que, en el nivel real, en el de nuestra realidad inmortal, estos campos “no existen”.
Por supuesto que una vez que creemos estar aquí “encerrados”, y que nos vemos así reducidos… ese nivel del cuerpo es imposible negarlo (como dirá parte de la sección que citaremos abajo)… y será además el único medio a nuestra disposición para poder despertar; es pues un medio de aprendizaje a la hora de despertar a nuestra verdadera realidad y para que pueda darse —en cantidad o en buenas condiciones— el único trabajo de la mente que nuestra realidad inmortal sí que espera que “terminemos” completamente algún día… siendo este el único trabajo que sí que sería relevante para nuestra verdadera realidad como espíritu (el trabajo que podemos simplemente entender como “perdonar toda percepción” entregándosela al canal que en nuestra mente nos reúne más o menos disimuladamente con nuestra Fuente… pues realmente nosotros no estaríamos “aquí”, en el mundo de la percepción).
Esta es una de las citas de UCDM que abajo comentaremos, y que imagino que, para alguna gente que lea el Curso, puede aún estar resultando especialmente intrigante o quizá hasta desagradable (para mí lo es aún, aunque intentaré empezar a especificar qué es lo que estaría diciendo, quizá (y si alguien tiene más ideas son muy bien recibidas si puede comentar algo)).
«Este error [el de que el cuerpo puede crear] puede manifestarse de dos formas: se puede creer que la mente puede crear falsamente en el cuerpo, o que el cuerpo puede crear falsamente en la mente.»
A vueltas con “lo espiritual” y con Hamer
Esto, “lo espiritual”, lo podríamos caracterizar como “más abarcador”, o más simple, que la visión “egoica” que tenemos y somos todos por defecto. Dicha visión egoica nos da paso a poder siquiera “existir” en este universo, o, digamos, a poder soñar este sueño de existencia en cuerpos materiales (hay una caracterización rápida de qué significaría en último término “lo espiritual” en el principio del artículo «Cómo anclar…»).
¿Qué descubre Ryke Geerd Hamer? Descubre de una forma muy detallada que hay algo que diríamos que está como “por encima” de las enfermedades… algo que las subsume a todas… un esquema en el que todas encajan: programas, de dos fases (“bifásicos”), que albergan a todas las enfermedades (una de las fases del programa es de “estrés”, “activa”… y la segunda es de “recuperación” o más “pasiva”… y todo ello salpicado a veces con posibles crisis intermedias… y con posible confluencia de varios programas, etc.).
Antes de nada aclaremos muy bien que lo descubierto no quiere decir algo así como que…: ¡ale! ¡ya está todo curado!
En absoluto vamos por ahí.
Primero, no se trata de “curar” sin más. Curar no depende de nuestro antojo; no depende solo de nuestra voluntad en tanto que quizá seamos gente que querría ser más o menos “experta” en algún campo relativo a la “curación”. No es por cierto nuestra pretensión, obviamente, ser expertos en este asunto de la medicina o en el de Hamer… o en el de ninguna de las prácticas terapéuticas alternativas en ninguna de sus facetas… e incluso tampoco en el caso de UCDM, donde siquiera queremos entenderlo y quizá poder “ilustrarlo” y aplicarlo cada vez más en nuestra percepción… y hasta el final —y por ahora nada más.
La única pretensión es pues comprender un poco más en general este asunto de la enfermedad (algo que en realidad es en último término “incomprensible”… pues simplemente es un asunto que llegará un día que nuestra “capa de conciencia” lo dejará atrás, como cualquier otra pesadilla). La pretensión es pues la de apoyar y reforzar la comprensión de algunas ideas muy simples (pues la verdad es muy simple) en torno a la mente y la enfermedad… ya que, como quizá sabéis, todos somos mucho más responsables de nuestras enfermedades (así como del universo en general)… mucho más responsables de lo que quizá quisiéramos haber creído durante toda la vida —y decimos “responsables”, no “culpables” (pues el sentimiento de culpa, ese auto-ataque, es solo nuestro invento, y tiene “curación” si entregamos la mente a la verdad).
Entonces, con todo esto veremos lo simple que va a ser la verdad… y, por tanto, sentiremos inmediatamente las implicaciones que esto tiene en cómo pensamos sobre nuestro mundo… y, por tanto, en cómo pensamos que podríamos “actuar” en “nuestra civilización”. Esta civilización, en este sueño de universo, seguramente vea pasar algunos cientos de años antes de que se generalice un salto real hacia la interiorización de lo que podría ser un “nuevo paradigma” — el que trascendiera al “moderno”—, con una comprensión más realista sobre la enfermedad y sobre el lugar de “la conciencia” (y la inconsciencia) en el universo y en el cuerpo; el lugar de la conciencia o la mente en general no es nada irrelevante en el universo, pues, como hemos dicho, en último término, hay indicios que mostrarían que el universo sería nuestro propio sueño, y según UCDM el universo empezó precisamente con una muy atemorizada “necesidad” de la mente: la de “la conciencia de la separación”, que pasó inmediatamente a crear un nivel de cuerpos para esconder que hubo un momento en que todo era solamente una idea malinterpretada (y sigue siendo solo tal idea malinterpretada de forma aterrorizada… pero una vez estamos metidos en el cegador mundo de la forma nos parece más difícil verlo simplemente así: todo surge de una idea loca interpretada demasiado seriamente: la separación).
Así, con esto vamos hacia una comprensión simple de qué es lo que nos traemos entre manos ya no solo en nuestros cuerpos, sino en el universo, pues vamos a ver el obvio enlace que en cierta manera existe entre:
— el descubrimiento de Hamer,
— y el fundamental no-dualismo puro que parece ser el núcleo de las corrientes espirituales más importantes.
La invitación a dicho simple “no-dualismo puro”, en tanto que es un sentir que nos saca felizmente de este sueño (“despertar”)… en tanto que es un cierto trabajo espiritual… la tenemos tanto en:
— ‘Un curso de milagros’ (UCDM) —como quizá sabéis—
— así como al parecer la tenemos también “desde siempre” en por ejemplo ciertas interpretaciones fundamentales de la sabiduría tradicional de la India (p.ej. el Bhagavad Gita interpretado por Shankara).
Así pues, lo descubierto por Hamer es un puente ya indestructible y con cinco carriles de ida y cinco de vuelta entre “lo espiritual” y “la ciencia moderna”; y además, para colmo, este puente atraviesa el río que más nos duele, dejándolo atrás pero contemplándolo muy despacio. Este río es……: el mismísimo cuerpo… es decir, nada más y nada menos que el héroe de este sueño… el cuerpo para el cual está todo configurado… configurado para su gloria o su desprecio calculado… para su protección o su aprecio… y para algo que quizá quisiera ser una infinita y espectacular “distracción de los cinco sentidos”.
Seguramente sea debido a la existencia de tal puente que, lo que aquí tratamos, nos resulta algo disonante (y por ello Hamer fue algo reprimido en sus inicios). Este descubrimiento básicamente disuena en una civilización que, de todas maneras, en sus aspectos “alternativos”, vemos que da pasos cada vez más grandes hacia la apertura mental a un cierto “nuevo paradigma” —aunque quizá diríamos que solo parecen ser por ahora “pasos” reprimidos.
En fin, la verdad solo puede caer por su propio peso, pues la verdad no lucha, el bien no lucha, el amor no lucha…: la verdad simplemente ilumina lo que no era más que oscuridad.
Así pues, el descubrimiento de Hamer contextualiza las enfermedades en términos que se acercan a la simple metafísica del Curso de milagros, una metafísica que creemos verdadera, pues, en definitiva, todo estaría en la mente —cuestión esta en la que a grandes rasgos también han terminado coincidiendo, como sabréis, las visiones de muchos “físicos” (a cuento de la famosa “cuántica” (sorprendentemente se dice que el propio Einstein tenía dichos en tal sentido, sobre la importancia de la conciencia como soñadora de este universo)).
Y por cierto, esta “metafísica” —sin la cual al final vemos que no podremos entender nada en este mundo— la hemos contado por aquí infinidad de veces, y se empezaría a resumir parcialmente tal y como ya dijimos: “el universo es nuestro propio sueño”.
Pero, y esto es muy importante…: el hecho de hablar y entender un poco el concreto descubrimiento de Hamer sobre el carácter mental y proyectivo-programado de la enfermedad… seguramente nos ayude a algunos a hacer una transición hacia la simplicidad metafísica que “explica” el auténtico disparate que en último término sería este universo.
Así pues, todas las llamadas “enfermedades” terminan encajando en una u otra de las fases de aquellos programas (o en las crisis intermedias, pero siempre dependiendo de este esquema bifásico). Tales programas son activados por el mismo sujeto que vive un determinado conflicto en ciertas condiciones. Se activan digamos que inconscientemente… pero lo hace el propio “individuo”.
De ahí que, en último término —como ya se “sabe” por ejemplo en el mundo de las terapias “transpersonales”— quien se cura es siempre el propio paciente “a sí mismo” (es decir, en un lenguaje digamos “transpersonal”…: se cura conectando con su “sí mismo”, con su “Ser” con mayúsculas… siendo para ello normalmente ayudado (inconscientemente) por esa misma conexión pero ahora “realizada” en otra mente (la del “sanador”); el sanador quizá esté algo más acostumbrado, o bien quizá tiene mucho menos miedo que el “paciente”… en ese “momento de sanación”… y a la hora de poder “conectar con ese Ser que es el único ser verdaderamente compartido”. Así que entonces, todo ese variado conjunto de “muletas de ayuda” (“magia”) que el paciente pueda aceptar “para curarse”… tal conjunto “es otro cantar”…, y es por ejemplo el de la:
— medicina oficial con sus pastillas, radiaciones, etc.,
— o la medicina alternativa con lo que sea…, etc.
Todas esas muletas sobre las que nos apoyamos para “curarnos” son meramente “magia”… pues la causa es mental.
Pero diciendo esto no estamos condenando a las muletas-para-curar…, a las pastillas, radiaciones, masajes, imposiciones de manos…, etc.; simplemente ocurre que en general todo eso es magia y que toda magia es sencillamente algo que transitoriamente puede resultar necesario para que nuestras mentes asustadas acepten su propia curación. Nuestras mentes se han hecho ya mucho daño a sí mismas durante la vida… y se lo hacen constantemente; por tanto, están normalmente muy asustadas (y ello aunque solo sea por el hecho de creer que el universo es real).
Así, la magia es una muleta necesaria, pero lo es solo en tanto que nos ayuda a evitar por ejemplo ese miedo que de golpe nos podría dar al comprobar que siempre todo nos lo hemos hecho nosotros a nosotros mismos; si sanáramos muy de golpe, por ejemplo, podría desatarse quizá alguna enfermedad aparentemente peor que la anterior… ya que puede ser muy grande ese miedo que nos podría dar constatar algo que nos “demostrara”, más o menos indirectamente, que todo esto simplemente era nuestro sueño… el sueño de una sola mente auto-engañada en la fragmentación demente del universo de la materia.
Esto que acabamos de decir tiene que ver con lo explicado en UCDM al final de la cita que pondremos abajo.
Y bien, todo es tan sencillo como esto, como el siguiente “razonamiento” aparentemente “circular”: la causa última de las enfermedades —por lo que interpretamos fácilmente al conocer el descubrimiento de Hamer— está en los conflictos que vive la mente (que siempre estaría, por cierto, algo intrincada o “constelada” con “mentes cercanas”: familia, etc.), y que terminan desatando estos programas, alimentados por la mente de forma inconsciente. Es decir, “la causa es la mente” (cosa que matizaremos a la vez que ampliaremos o simplificaremos ahora aquí abajo, comentando UCDM). Pero el asunto es circular, redundante, porque normalmente no tenemos la mente preparada para aceptar la verdad directamente, ya que si la tuviéramos… no hubiéramos enfermado —o “creído enfermar”.
Lo normal es que podamos abrirnos solo progresivamente a aceptar que la enfermedad tiene principalmente una realidad mental, así como la tiene en último término el universo, que sería una especie de enfermedad de la mente: la enfermedad de la separación (una separación interpretada a la tremenda que dio pie por tanto a una creencia-miedo… y a la necesidad de proyectar tal miedo-creencia… en la proyección que es este universo). De la enfermedad que es el universo podemos salir en cuanto nos pese demasiado… y en cuanto así lo elijamos de corazón… pues es gratis hacerlo y se hace en vida, “iluminándose”, y no muriendo, pues la muerte no nos “libra” de nada.
Entonces sí podemos abrirnos a querer que esta sea nuestra verdad, a comprobarla y trabajarla (es a lo que nos anima el “trabajo espiritual”)… a tener el deseo de la verdad; pero esto no quiere decir que podamos cambiar rápidamente nuestra mente inconsciente que proyecta enfermedad… y de entrada porque por ejemplo, los cuerpos muy en general podríamos decir que son proyectados “consensuadamente” con todas las demás mentes aparentemente separadas en este universo.
Comentario de la sección IV del capítulo 2 de Un Curso de milagros: «La curación en tanto que liberación del miedo» («Healing as Release from Fear»).
Para empezar, aclarar por qué puse el título original en inglés: los traductores del título de esta fantástica sección de UCDM creo que no han querido traducir ese “as” con el que supongo que se quiere decir “La curación en tanto que liberación del miedo”… y no simplemente: “la curación y la liberación del miedo”, que es como se ha titulado esta sección en la por otra parte muy bonita traducción oficial al castellano:
«IV. La curación y la liberación del miedo
» Vamos a hacer ahora hincapié en la curación. El milagro es el medio, la Expiación el principio y la curación el resultado.»
Aclaremos antes de nada algo sobre el vocabulario; UCDM sirve para perdonarlo todo, incluyendo las palabras tradicionales de “la teología”, esas que fueron usadas más bien para “lucirse”… o a veces para ayudar a que las mentes se auto-machacaran más y más con la culpa… fueron usadas tales palabras para todo eso… antes que para facilitar el perdón generalizado… para poder perdonarse simplemente a sí mismo… facilitando la propia “iluminación”. Leer el resto de esta entrada »

Gilbert Simondon (pensador de la evolución en la técnica)
Parece que hubiera puntos en común entre:
- deshacer este sueño que es el universo, despertando de él (la llamada “salvación”),
- y la invención más digamos “técnica”.
En la invención técnica, los “obstáculos” se convierten en oportunidades para “avanzar”.
Paralelamente, en el despertar de nuestra mente-ego o “salvación” los obstáculos son transmutados en simples oportunidades para sanar.
Ese despertar de la mente sería visto siempre —desde el sueño (desde los que se quedan soñando el sueño)— digamos que como una especie de ”re-invención de la mente” (atestiguando así, y se quiera o no reconocer… que es la mente quien está soñando este sueño).
Quizá, lo que ocurre, a veces, en la historia de este universo-sueño… es que hay fases donde parece que se evoluciona hacia una cierta “menor densidad” (en una escala vibratoria en el aspecto miedo/amor).
Esto indicaría que quizá el universo, que sería simplemente “miedo coagulado”… “funciona” por capas. Estas capas estarían “legisladas” en realidad por la mente que lo sueña en tal sentido vibratorio —el de densidad-miedo (aunque, en general, en el universo no funciona ni funcionará absolutamente nada
, pues como decimos simplemente quiso ser miedo (pero eso no se puede, es absurdo)).
De ahí entonces que quizá quepa la posibilidad de que existan por ejemplo “los seres de luz”… y mil tipos más de “mentes”… o de “zonas de la mente”.
Estas mentes o zonas, y tal y como aparecen en algunos materiales “alternativos”, serían digamos que zonas de la mente “más reunificadas”… y cuya primera tarea, aparentemente, podría ser a menudo la de guardar ciertas zonas del sueño… la de asegurar, con su “trabajo vibratorio” (de entrada en un aparente simple “estar ahí”), cierta “historia del universo”.
Esta historia, por cierto, en realidad ya habría sucedido, pues la mente que sueña este universo en realidad está y siempre estuvo “en la eternidad”… y entonces, aquí, de cierto modo, todo ya habría pasado —aunque precisamente este sueño es el aparente “coste” de reconocer tal cosa… es precisamente tal reconocimiento lo que vendríamos aquí a “efectuar”… recordando así “la eternidad en el sueño”.
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Kenneth Wapnick (trabaja en "Un curso de milagros" desde sus inicios)
Índice:
1. Introducción: “trabajo espiritual”
2. Lo que te pone los pies en la tierra: “intereses compartidos”… y progresiva unificación de propósito
3. El principio que te pone un pie en el Cielo: «la separación nunca ocurrió»
4. La práctica
5. Los “casos”
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1. Introducción: “trabajo espiritual”
Las vías “espirituales”, como puede ser la de este Curso (“UCDM”) y otras… parece que muy en general tienen que ver con deshacer el ego, es decir, con deshacer nuestra inversión en toda sensación de ser especiales, y con motivo de lo que sea (cuerpo, hábitos, trabajos, etc.).
La inversión en “ser especiales” (inversión que es el infierno del ego) siempre se traduce en comparaciones, más o menos inconscientes, dentro de campos de miles y miles de “etiquetas”, por ejemplo:
— ser más/menos “inteligente”,
— ser más/menos “radical”,
— ser más/menos “espiritual”
— ser más/menos “trabajador”…
…y un largo etc. de elementos que conforman lo que llamamos “ego”… y que si es a veces algo “bonito” es simplemente por el contenido de amor que vehiculan los trabajos, los encuentros, etc., que realizamos en torno a nuestra diferenciación en el infierno, en el campo del ego.
Una cosa es, por tanto, el tema de las etiquetas… y otra cosa es aprender —a través del trabajo disimulado dentro del mundo de las etiquetas del ego (pues no se trata de destruir nada)—… otra cosa será aprender… en general… a estar más alegres y ser más amorosos y bondadosos (pero sin sentir ninguna obligación en este sentido… ya que esto sale o no sale… y sale reconectando con la Fuente de todo amor, del “amor espiritual”, que todos tenemos dentro).
Así pues, el “trabajo espiritual” digamos que se trataría de un —por así decirlo— cierto tomar contacto aquí y ahora, expresamente, con —por así decirlo— nuestra realidad inmortal, y, cuanto más y mejor podamos hacer esto… mejor que mejor.
Tal reconexión es independiente de los resultados que el trabajo de reconexión vaya o no a dar en “el mundo material”, “afuera”. El resultado si acaso será un añadido, y no lo importante, pues, como se ha dicho en varios núcleos importantes de las tradiciones espirituales…: el mundo es nuestro propio sueño.
Es solo en nuestra realidad inmortal donde somos, por así decirlo… verdaderamente “especiales”, al serlo “todos por igual”… es decir, al dejar de ser en el mundo del ego… un mundo que sería nuestra propia mentira-sueño.
En concreto la vía del Curso de milagros es de esas que no necesariamente requieren “retirarse del mundo”… pues estas vías —y la del Curso— las puede realizar cualquiera muy disimuladamente “en” el mundo, puesto que todo este trabajo es básicamente “mental” (se trata de hallar la paz interior, sea lo que sea que parezca pasar “fuera”).
Entonces… con este texto creo que ya acabé lo que sería un conjunto de tres textos que hablaban rápidamente sobre varios puntos básicos para intentar animar(me) a la práctica de este Curso, sin concesiones… y a la hora de “conseguir” aquella eliminación de toda sensación de “ser de este mundo”: sí, “estamos” en el mundo… y no queda más remedio, obviamente, que reconocerlo una vez que sentimos que “estamos” aquí… soñando esta ilusión; pero no somos del mundo… porque este mundo «es la creencia de que el amor es imposible» (UCDM)).
Siguiendo entonces con la práctica del Curso… una vez nos vamos “limpiando” mediante la práctica de los principios fundamentales que nos permitirán ir encontrando cierta paz interior (algunos de tales principios los expresamos en los dos artículos anteriores —«Ley de la percepción…», «Dinámica del infierno…»—… dos artículos que animaban a practicar el Curso, y a ver que éste es algo muy práctico…), entonces, ahora, vamos a generalizar la simple tarea con respecto a la también simple “teoría” sobre qué es lo que está pasando aquí… una teoría de la que ya hemos hablado (como sabemos, la tarea siempre será principalmente en el nivel “mental”, pues es solamente ahí donde podremos realmente cambiar algo, cambiando nuestras interpretaciones de lo que parece que sucede “fuera”):
2. Lo que te pone los pies en la tierra: “intereses compartidos”… y progresiva unificación de propósito.
Este es, digamos, el ámbito de tu “ser”, con minúsculas; los intereses son intereses mundanos, son metas u objetivos mundanos: aprender… curar… simplemente “estar”… “educar”… en prácticamente lo que sea, pues casi da igual el tema, ámbito, proceso. ¿Por qué da igual? Porque lo que nos interesa es la parte de “compartidos” dentro de “intereses o propósitos compartidos”.
Al ser “compartidos” permiten que tu trabajo “espiritual” se refleje en “la tierra”. Ese trabajo (ver punto 2 abajo) es un cierto ”deshacer el ego”, y el “ego” es, por así decirlo, un cierto apego a ver solamente “la forma”… es un apego a no despertar del mundo de la forma, a impedir el despertar (sacándonos siquiera de la posibilidad de ver que podríamos elegir otra cosa, sacándonos de la mente en tanto mecanismo de decisión).
Aclaremos que tal “reflejar espíritu” —y por decirlo así, rápidamente— es algo que ya se hace “inconscientemente” en la “vida”… y es algo que en alguna medida ya nos ha pasado, ya que con este texto, en parte, estamos describiendo —y animando a— aquello que en realidad ya se da… en relación a todo ese trabajo lento de Inspiración que vivifica el mundo.
Y que dicho reflejar, por cierto, sea algo que ya siempre ha sucedido, equivale a decir que en realidad nunca hemos estado “solos” y que nunca lo estaremos.
Entonces, en este punto 1 se trataría de no perder mucho de vista la importante cuestión del propósito, en general —algo que puede convertirse en tu posible “guía” para todo eso que parece que haces aquí, en la tierra.
Esto, sobre el propósito, lo propone explícitamente UCDM en la parte [T-17.6], cuando explica la muy miserable “dinámica” de nuestro aspecto-ego… en torno a los propósitos. ¿Miserable? Sí, con esa forma increíblemente caótica que tenemos de actuar, normalmente… evaluando a toro pasado las situaciones dependiendo del resultado que se da en las mismas… en vez de atender al propósito (antes y durante el desarrollo de los acontecimientos en dichas situaciones).
Así, luego nos convertimos muy a menudo una especie de queja constante, de reproche constante… cuando, sin embargo, nosotros seríamos más responsables ante nosotros mismos —más de lo que nos gusta creer— por no haber pensado más sobre el propósito que teníamos al entrar en dichas situaciones o bien al iniciarlas… o por no haber pensado algo acerca de la incompatibilidad entre los diversos propósitos que quizá teníamos o que estaban ya involucrados en la situación “x”… o por no haber pensado algo acerca de los diversos intereses o propósitos que creíamos posible compartir con los demás… o que ya veíamos que existían en dichas situaciones —pues lo normal es que haya varios intereses —compartidos o no— que son incompatibles entre sí.
Es decir, evaluamos todo a toro pasado, en vez de estar pendientes del cumplimiento, compatibilidad…, etc., entre los propósitos… en vez de estar pendientes de quién los fija o de cuándo y cómo se fijan dichos propósitos en el gobierno del caos, en el usual gobierno por el caos.
Si tuviéramos la costumbre de atender más a esta cuestión, veríamos que el mundo se basa literalmente en locura, relacionada con un ataque fundamental; esa locura es la de la separación, traducida en la inevitable incompatibilidad entre los diversos propósitos… y traducida en el subsiguiente caos… un caos con más o menos apariencia de ser “caos llevadero”… es decir, con más o menos apariencia de ser algo “controlable”.
Este mundo se basaría simplemente en eso, y, por ello, el único propósito que verdaderamente nos puede unificar es el de despertar. Para ello aplicaríamos la citada sección T-17.VI teniendo en mente que debemos aprender a juzgar las cosas con el único juicio que nos podría sacar de la locura (los demás juicios son ingredientes fundamentales de la propia locura, de esta tragicomedia sin espectadores, y a su vez también a ellos deberemos aplicarles el “único juicio” que nos saca de aquí).
Dicho ‘único juicio’ derivará a su vez, en parte, de aplicar la ley de la percepción, de la que hablábamos en «Ley de la percepción…». Esta ley nos dice que todo lo que veamos “fuera”, lo que por ejemplo nos moleste (en nuestro cuerpo, en el “cuerpo social”… en las acciones de los cuerpos de otros…), es simplemente un testigo aparentemente externo que estaría proyectando un ataque interno que la mente realiza contra sí misma, un ataque que nos realizamos siempre nosotros a nosotros mismos tomando las cosas “afuera” como excusa para ello (promoviendo nuestra interpretación de nosotros mismos, nuestra auto-imagen, como seres vulnerables, débiles, etc.). Así, la única “solución” es responsabilizarnos de eso (no culpabilizarnos, sino responsabilizarnos mirándolo de frente) entregando así la percepción a esa nuestra “luz interior”… mirando todo de frente ya sea que parezca “bueno” o que parezca “malo”… mirándolo con nuestro Niño interior —que sabe desde siempre que todo esto fue simplemente nuestro propio sueño de locura, miedo y destrucción.
Así pues, en general no se tratará ahora de “cambiar de propósito” rápidamente… así como así… en la vida.
Tampoco se tratará de ponerse de repente a pensar muchísimo sobre este asunto del propósito (no quedándose, quiero decir, meramente con los propósitos del mundo del ego: por ejemplo con los típicamente “necesarios” para “vivir”…: hacer más y más dinero… etc.).
No se trata de alterarse más todavía, de estresarse más… no… pues normalmente todo el mundo ya vivimos una cierta inercia, más o menos fatídica, en nuestras vidas: la del campo del ego. Esta inercia obviamente parece sobrepasarnos… como buen programa o guión que es. Por ejemplo, ahí tenemos esas categorías sociales del programa, esas categorías temporales que podemos estar viviendo de forma ya muy “cansina”… relativas a una época, a una “condición”, etc.: trabajadores precarios de todo tipo…, profesores…, empresarios…, alumnos…, padres, amigos, maridos, activistas, etc. Entonces, se trataría más bien de ver o no ver la relevancia del tema del propósito pero sobre todo por el aspecto “compartir”… y para conectar con el trabajo del siguiente punto —el 2º— y en general para la práctica (3º).
3. El principio que te pone un pie en el Cielo: «la separación nunca ocurrió»
Este va a ser el ámbito de tu Ser, con mayúsculas. Este principio es lo que el Curso llama “principio de Expiación” (queriendo significar con “expiación” sencillamente: “deshacer el miedo”). ¿Cómo así? Es que resulta que, en realidad, nosotros no estamos aquí, en este sueño, soñando separación, soñando muerte y destrucción… soñando una supuesta “vida” en dualidad… “vida” que depende de tales muerte y destrucción; nosotros solo parece que estamos aquí. Nunca nos hemos separado de nuestra Fuente, seguimos conectados a ella, y la terminaremos recordando con todo nuestro ser: amor perfecto. Leer el resto de esta entrada »

Fuente: Wikipedia (Jamie Zawinski (program); Church of emacs (screenshot))
«Todo aquel que se encuentra aquí ha venido a las tinieblas,
pero nadie ha venido solo ni necesita quedarse más de un instante.»
(Un curso de milagros; T-25.III.6:1)
Índice
1. Matrix: más madera para confirmar el ego
2. “Extraterrestres” y capas
3. Control de las sociedades
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1. Matrix: más madera para confirmar el ego
Primero hay que explicar qué es el ego (y todo va a ser a nivel mental, pues el universo sería “solo mental”).
El ego es un pensamiento, es una idea errónea; es el pensamiento que dice lo siguiente:
- que el universo es real,
- que por tanto el universo existe separado de su fuente; esa fuente no es otra que la mente que lo sueña… una mente aparentemente fragmentada en todas nuestras mentes… que creen vivir “vidas” reales en cuerpos reales. Sin embargo, nuestra verdadera naturaleza no estaría ahí, sino en la eternidad, una eternidad que, precisamente porque nos da miedo, “fabricamos” este universo —con el inmenso poder de la mente global… que sintió erróneamente la necesidad de huir de su naturaleza eterna,
- y que por tanto el sufrimiento, los cuerpos, la muerte…, etc., son reales.
El universo es un gigantesco culto “satánico” a la muerte; es un intento de hacer tal cosa… aunque sin consecuencias reales para la mente eterna que lo está soñando —muy fragmentadamente…, pero que lo está meramente soñando.
El universo nos reúne por tanto en una especie de cónclave satánico colosal, donde, por meramente pensar que la muerte y los cuerpos son reales… todos estamos de cierta manera “adorando” al miedo, a la muerte… realizando un “culto satánico” con cada respiración.
Venimos pues al universo creyendo que éste debe ser real, y por eso mismo, por querer imponer eso… todos somos “satánicos” —por defecto y de entrada.
Este universo, esta capa de universo en lo que seguramente sea además un multiverso (con varias capas), estará seguramente compuesta por miles y miles de mundos que son granjas de egos; estos egos, como decimos, vienen al universo a ser inconscientes de su propia realidad en la Fuente; son y somos egos que han elegido olvidarse de su realidad en la Fuente (su realidad eterna), para perseguir sueños tragicómicos de individualidad en un…, ¡oh!…: un “maravilloso” y “misterioso” universo.
La película Matrix es pues una adoración implícita de los cuerpos (como casi todo en este sueño de universo).
En la película, los cuerpos humanos son literalmente secuestrados y adormecidos por máquinas que “les roban la energía”, es decir, lo esencial, la mente capaz de soñar, les roban “el pensamiento”… y por tanto lo más importante: la capacidad de elegir qué soñar… de elegir qué sueño soñar.
Ya solo con este gesto tenemos repetido lo que siempre se repite en nuestra civilización, al menos en la modernidad: igualar mente con cuerpo, cuando son cosas que no tendrían nada que ver. No tienen nada que ver (pues sería la mente la que en definitiva, como ya dijimos al explicar al ego… sería la mente quien estaría soñando el sueño de cuerpos y sus aventuras)… no tienen nada que ver, mente y cuerpo… pero sería esencial el que… cuando sabemos eso… pudiéramos trabajar su “conexión” en tanto que principios diferentes y solo en cuanto al propósito. Y este trabajo de conexión lo conseguimos con ayuda de nuestro trabajo espiritual —por ejemplo con la vía propuesta en ‘Un Curso de milagros’, que incide mucho en la importancia del tema de “lo mental” y del “propósito”.
Así que lo expresado en la película es el sueño del ego, es el propósito para el que fue fabricado el universo: engañarnos y hacernos dementes, sin mente, insensatos, para que no nos acordáramos de que podemos siempre elegir nuestra verdadera realidad, la eterna.
Estas máquinas materializan por tanto el siguiente propósito: quisieran hacer por siempre inconscientes a las mentes que creen estar usando estos cuerpos. ¿Inconscientes de qué? De que hay otro sueño posible que nada tiene que ver con cuerpos.
Pero en la película el sueño alternativo no es la realidad eterna, sino la de siempre, aunque en peores condiciones físicas: cavernas bajo tierra.
Así, para ello, las máquinas han fabricado un “software”, un programa: la Matrix. Con él, enchufando los cuerpos-mentes a tal programa… ocurre que las mentes que normalmente habitarían los cuerpos ya no pueden volver a ser dueñas del sueño en absoluto.
Los humanos son sistemáticamente engañados al ser enchufados a la Matrix física que contiene tal programa; en el momento en que son enganchados y engañados, pasan a soñar una especie de realidad programable, similar a la que ahora tenemos en nuestro estado de “civilización” (sobre todo en su parte, cómo no, “occidental”, y estadounidense para ser más concretos). Es decir, siguen soñando el mundo como si nada hubiera cambiado sobre la faz de la Tierra y pudieran seguir viviendo sus tragicómicas vidas egoicas (sin estar al corriente de haber sido poseídos por esas máquinas que arrasaron con todo).
Sin embargo… y como la realidad de la mente o del pensamiento no se puede ver (como nuestra eternidad está más allá de la percepción)… por fuerza han tenido que ser los cuerpos aquello que es “adorado” implícitamente por toda esta película.
La película es pues un inmenso monumento al ego, es decir, al engaño que el ego quiere que creamos aquí y ahora, en cada momento, a pies juntillas…: que somos cuerpos, que no podemos volver a elegir nuestra condición, que no podemos darnos cuenta de que somos los soñadores del sueño de cuerpos.
¿Por qué es ese tal monumento? Porque, como vemos, en el film “la salvación” reside en los cuerpos, en su liberación, en que éstos regresen a la caverna literal (!) a donde realmente les han reducido las máquinas, tras convertir la superficie del mundo en algo desértico.
Así, la salvación de los humanos —la que propone esta película—, y como todo por defecto lo es en el universo, es la liberación de los cuerpos de su prisión en las máquinas que les chupan su energía (pensamiento)… y para que dichos cuerpos puedan volver a vivir la vida en la caverna, una vida demente, de mera identificación con cuerpos —la de siempre, en ese sudoroso y sufrido mundo de abajo.
Por tanto, Matrix es de entrada una película “satánica” —tal y como todo lo es por defecto en el universo…
¿Por qué lo sería? Porque esta película, en esta interpretación que aquí hacemos, representaría el deseo del ego: enterrar en esas cavernas metafóricas del subsuelo de una Tierra automatizada y desertizada… enterrar, en dichas cavernas… el recuerdo de nuestra verdadera realidad (inmortal)… el recuerdo de que no somos cuerpos… de que somos “amor perfecto”, en y con la Fuente (y por tanto fuera de este sueño de miedo, destrucción, sangre, separación…).
2. “Extraterrestres” y capas
Primero de todo, la hipótesis que yo manejo es que este mundo siempre ha estado poblado o “mirado” por varios tipos de seres humanoides no necesariamente homínidos (y que estos seres tuvieron que ver, en el sueño, con nuestro surgimiento y un quizá progresivo e indirecto “gobierno” desde una cada vez más fría distancia). Leer el resto de esta entrada »

Kenneth Wapnick (trabaja en "Un curso de milagros" desde sus inicios)
Índice
1. Todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos
2. No tenemos por qué ver en tanto que “escandaloso” el que de cierta manera todo nos lo hayamos hecho nosotros a nosotros mismos
3. Nuestra imagen: venimos a “confirmar ego”
4. Los supuestos “ataques” son en realidad preguntas: ¿soy un ego… o somos ”amor”? ¿Es real la debilidad que he imaginado? ¿Es irreal?
5. Ley de la percepción
(Este artículo continúa con el propósito del anterior en tanto “llamada a ser muy prácticos”:
«La dinámica del infierno para seres extrauniversales».)
1. Todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos
Esto puede sonar brutal, pero no hay paz real si mantenemos los reproches. Y somos un reproche con patas, siempre hay algo que reprochamos a los contextos familiares, sociales, etc.
Todo ese reproche, tan constante, es, en un nivel muy básico una especie de auto-ataque constante. Y tal ataque hacia uno mismo tiene un nombre en esta civilización: culpa.
Compartimos culpa constantemente… compartimos tal ataque con nosotros mismos e inevitablemente con nuestro alrededor; y además esta parece ser la fuente del habitual estrés constante en el que solemos vivir.
Así que, en un nivel muy básico, tal culpa es simplemente un auto-ataque (a nivel mental, un nivel donde gastamos mucha energía, aunque no lo parezca); así, no paramos de justificar dicho auto-ataque por lo que sea que nos pasó o que parece que pasa alrededor. No paramos de justificar este fenómeno de la culpa, es constante, insisto. El mundo nos sirve para justificar, reciclar, reforzar, un auto-ataque, una culpa, sentida en el nivel mental (y las justificaciones son, como vemos, grandiosas: injusticias de todo tipo…).
Pero, desde esta posición, en realidad (desde esa especie de guerra interna contra nosotros mismos escudada por y en todo un universo), nuestras acciones o lo que sea que nos pase en nuestras vidas no suele ser algo que te satisfaga nunca realmente… aunque superficialmente sí que tenga a veces ese aspecto —o queramos creer “muy justificadamente” que sí que lo tiene, y que estamos haciendo “lo que es debido”… lo que “queremos”, podemos… etc.
Pero, de cierto modo… es como si el cuerpo nos pidiera limpiarnos de todo auto-ataque inconsciente, es decir, de toda culpabilidad inconsciente… es decir, como si quisiera que encontráramos cierta paz mental, interior.
Así pues, todos, en mayor o menor grado, nos atacamos constantemente nosotros a nosotros mismos… aunque solo sea por el hecho de sentirnos vulnerables, débiles, temerosos ante el futuro… muy afectables por el contexto, las circunstancias físicas, por lo que quizá pasa ahora mismo… o por lo que quizá pasó en el pasado lejano.
En un texto de Wapnick* vemos escrito que cuando nos aferramos muy claramente a culpar al pasado por algo (sintiéndonos por ello en realidad débiles, aquí y ahora (auto-ataque)… justificando así tal debilidad ahora… y justificando tal ataque por ejemplo porque nuestros padres hicieron o no hicieron esto o aquello…)… cuando nos aferramos tanto a eso… quiere decir que aquí hay algo más… y que además este “algo más” es algo muy “raro” (y escandaloso).
Y lo que dice Wapnick —comentando parte de las palabras que dieron lugar al Curso— es la hipótesis que manejaremos, y es así de aparentemente disparatada: lo que ocurre es que, si nos aferramos tanto a ese reproche, se debe a que quisimos que eso pasara.
Esa gran importancia que aún le seguimos otorgando a “lo que pasó” (a veces de forma muy inconsciente y que por tanto nos constituye muy profundamente en tanto que reproche o juicio andante…)… y tras haber pasado tanto tiempo desde aquel suceso “malo”… esa importancia tan grande que le atribuimos… lo que nos indica es el hecho de que quisimos que pasara, de que queremos que pase (para así, en último término, confirmarnos en nuestra identidad, como “egos separados”). Por eso estaríamos tan aferrados a una cosa que pasó hace tanto tiempo. Esta es “la hipótesis”… Pero… entonces…
¡Escándalo!
2. No tenemos por qué ver en tanto que “escandaloso” el que de cierta manera todo nos lo hayamos hecho nosotros a nosotros mismos
¡Esto es escandaloso!: ¿cómo que alguien, por ejemplo cuando era un niño inocente e indefenso… cómo quiso que alguna condición externa —que parece más o menos “intrínsecamente mala”— se diera en su vida, “condicionándole” así para el resto de la vida (nacimiento en “x” lugar, etc. etc.)?
Sí, y en realidad de lo que vamos a hablar ahora puede que dependa la única verdadera sensación de libertad que puedas alcanzar en esta vida. En serio.
Quizá compruebes que solamente empezando a pensar de este modo podrás y podremos encontrar una verdadera paz (e irradiarla inevitablemente en el mismo movimiento).
Así que que ahora viene “el lío”… viene la necesidad de pensar por qué esto no es tan escandaloso; el porqué es ese del que ya hemos hablado tanto aquí; es un porqué muy simple, y, por ello, es inaceptable para nuestros egos —con sus “estudios”, sus reconocimientos… sus “carreras”… o bien lo contrario, con sus quejas al respecto o sus anhelos sobre el “saber”, el “tener”, el “ser”…).
3. Nuestra imagen: venimos a “confirmar ego”
Aquí al universo, como “seres extrauniversales” que somos… vinimos a confirmar nuestra imagen, ¡desde que somos niños!
¿Imagen? Sí, una imagen como “egos”. Pero esta es una mera imagen… y no hay nada real —por muy material, variado y “bonito” que todo parezca en este universo surgido del miedo.
Y resulta que ese ego, ese “ser especiales”… conlleva una carga enorme de auto-ataque por debajo (recordemos: auto-ataque = culpa). Entonces, todo es debido a —esa carga es una carga enlazada a…— una extraña creencia que pareció solidificarse en nuestra “mente colectiva”: la creencia de que, en tanto que tal mente colectiva, robamos algo, hicimos algo “malo” al haber “robado” la individualidad, la vida, a la Fuente, a Dios. A partir de ahí, la mente empezó a proyectar un universo para poder ver el ataque, la culpa, en un ilusorio “fuera”. Y en realidad todo ataque siempre es culpa porque solo hay una mente.
Toda queja sentida con respecto a algo que pareció pasar en el universo está unida a la “primera” queja contra nuestra verdadera naturaleza en la Mente que somos… una Mente que venimos aquí a creer que podemos olvidar.
Pero, como dijimos…: esto es un invento absurdo que nosotros mismos elaboramos a nivel mental (para intentar engañar a nuestro Ser, a tal “Mente”). Pero, aún así… lo venimos a confirmar al universo, ¡pues precisamente para eso fue fabricado el universo! De tal modo, este universo no es nada más que nuestro propio sueño… y algún día nos parecerá que desaparece en un tiempo futuro aparentemente muy lejano… y entre inmensas carcajadas.
Así que aquí venimos a “confirmar ego” de una forma muy macabra y muy variada —en infinitas “vidas” que son auténticas parodias (tragicómicas) de nuestra auténtica vida en “el Cielo”.
Esa es la tarea o el destino programado para el universo, este es el guión de esta impresentable pero representada tragicomedia… sin espectadores… escrita por un loco…: confirmar ego… confirmando, por tanto, la culpa inventada (ataque) que nos dio el hecho de querer identificarnos con ese imposible: ego.
Entonces, si queremos practicar y practicar… nos toca ver, a cada momento si realmente esto tan simple es “verdad” (es decir, si os libera)… si la verdad es tan simple… si es verdad a cuento de cualquiera de nuestros motivos de queja, preocupación, disgusto, molestia… y sean o no motivos más o menos conscientes… del presente… del pasado… (nos toca ver y practicar en torno a ello si es que queremos practicar realmente el Curso… para poder siquiera empezar a ver si esto “funciona” realmente, y, por tanto, si es verdad para nosotros y en nosotros).
¿Qué pasa con las quejas del “pasado” (pasado que en realidad no existe)… esas quejas que se han incrustado, esas quejas andantes que somos —quejas con patas…— en tanto que hemos aceptado inercial e irremediablemente las proyecciones que venían de diversos contextos sociales y familiares… (de cómo nos ven los demás, en los contextos familiares por ejemplo)?
Esa aceptación inevitable de las proyecciones de “los demás” (en constelaciones proyectivas en las que estamos intrincados con “problemas” o errores a veces muy “lejanos” en el tiempo…)… esa aceptación también la hemos venido a buscar aquí. Es el choque de imágenes del que hablábamos en el anterior artículo… es una demencia pura de choques… que aparenta ser una “individuación” (toda individuación en este universo es demencia debido al propósito por el que fue fabricado este universo: confirmar a nivel mental algo en realidad imposible; confirmar una “culpa” inventada en ese nivel tan importante, tan “poderoso”, y que nunca perderemos).
El aceptar esas proyecciones —¡y desde que somos fetos!— va confirmando nuestro ego… nos va “individuando”… va confirmando así nuestra irresponsable sensación de “ser víctimas”… de estar sujetos a fuerzas que no están bajo nuestro control… etc. (todas esas sensaciones se resumen en…: auto-ataque (también llamado: “culpa”) por el mero hecho de creerse vulnerables, débiles, víctimas, etc.).
La gente nos atacamos nosotros a nosotros mismos en la mente (auto-ataque = culpa) y, entonces, realizamos actos de “desahogue falso” de ese tal ataque (a veces contra nosotros mismos… comportándonos cruelmente con nosotros mismos… o a veces aparentemente contra los demás o lo demás… etc.). Y recordemos, nos atacamos ya solo con sentirnos débiles, vulnerables…
Y esto, siendo algo que vemos que es de nuestra propia invención… es algo a lo que por tanto estamos muy apegados… pues toda nuestra individualidad, el ego… depende de ello, de “la culpa”, y en relación a, por ejemplo, que el mundo se pueda y deba “cambiar”… porque “el mundo es malo”… los padres me hicieron esta cosa o esta otra… fueron así o asá… “la sociedad es injusta”… es insuficiente… va mal… etc.
El contenido base de toda esta debilidad, insistamos, es auto-ataque, como es obvio, pues si te crees débil, si te crees que las cosas te pueden afectar gravemente… entonces te estás atacando a ti mismo.
Esos actos de atacarnos a nosotros mismos se multiplican al pasarse al mundo, o mejor dicho, al “parecer que pasan” al mundo, al mundo de la forma o “materia”. De hecho este “pasar” (pasar desde una mente enferma a las acciones del cuerpo a ella ligado, en lo material… que es un “pasar” que ofrece por tanto la oportunidad de confirmar la demencia de la debilidad…)… este hecho de “parecer que se pasa” al mundo… sería precisamente lo que está a cargo de multiplicar este sueño de universo… y en todas sus aparentes dimensiones temporales: todo pensamiento aquí y ahora tiene consecuencias en muchos otros supuestos “aquí’s y ahora’s”.

Por ejemplo, alguien (Mengano, el pintado de verde en la imagen a la derecha) está incómodo con algo, en su mente.
Entonces, Mengano seguramente reaccione a ese su “problema mental” (y recordemos: todo lo que pasa en el mundo es literalmente una colosal “enfermedad mental”)… reaccionará, decíamos… a algo exterior que vea, para justificar ante sí mismo su demencia… reaccionará a cierta situación específica con más o menos violencia (desastre).
Tal situación específica será la que sea, da igual… será la que le sirva a Mengano para justificarse a sí mismo lo que sea que se le haya pasado por la cabeza en torno a ese primer pensamiento absurdo de debilidad, de vulnerabilidad, de “puedo ser afectado gravemente por alguien o algo”.
Mengano, muy inconscientemente, e hace por tanto, al mundo, una “pregunta”.
Ahora bien, el mundo es un caos, y alguien más (Fulano, el de azul) estará involucrado en esa situación material que Mengano ha encontrado para proyectar su contenido de culpa —con los actos desastrosos que realizó Mengano en el mundo de “la forma” (que está ahí para eso, para proyectar).
4. Los supuestos “ataques” son en realidad preguntas: ¿soy un ego… o somos ”amor”? ¿Es real la debilidad que he imaginado? ¿Es irreal?
Bien, los que se vean involucrados en esa situación (Fulano) normalmente interpretarán esto (que recordemos… venía de un ataque mental, el que se realizaba Mengano a sí mismo, diciéndose que había algo que le afectaba mucho…)… interpretarán esto como que le han atacado, “personalmente”.
Así, responden a la pregunta de Mengano: sí, eres un ego, y esa debilidad que imaginaste en tu mente… esa capacidad de verte afectado por lo de fuera… responde a algo real.
El ego ha triunfado, pues así Fulano verá confirmado justo lo que él a su vez también vino a buscar al universo; lo verá confirmado con aquello que decíamos de… “sentirse atacado personalmente”, pues así él se confirma a sí mismo como “ser especial”, es decir: diferente; un ego.
Así que como vemos tenemos aquí un completo caos, el caos habitual en “la separación”. Dos mentes intentan demostrarse que están separadas “in-comunicándose” su propia debilidad inventada.
Sin embargo, si Fulano no hubiera reaccionado al supuesto “ataque” de Mengano… si Fulano creyera que, muy en general, su “indefensión es su seguridad”… y la “seguridad” de todos… tal y como dice el Curso… entonces, Mengano habría obtenido del mundo la respuesta justamente contraria a la que buscaba: unión (frente a la separación que buscaba, separación confirmada aparentemente por la mediación de los cuerpos materiales). Leer el resto de esta entrada »

Kenneth Wapnick (trabaja en "Un curso de milagros" desde sus inicios)
[O… ¿cómo leer y practicar lo mejor y más rápidamente posible Un curso de milagros?]
¿Extrauniversales?
Sí. Como sabemos… y por todo lo dicho hasta ahora… para nuestra sorpresa no solamente en cierto modo hay muchas cosas que indican que siempre habríamos estado en contacto con “lo extraterrestre”… sino que somos “seres extra-universales”.
No pertenecemos —no en realidad— a este universo… y por raro que esto suene.
Este universo es lo que sería, entre comillas…: “el infierno”.
Así, a partir de lo que voy viendo en los materiales que tiene Wapnick para el estudio y práctica de este Curso… y a partir de la búsqueda en parte reflejada en este blog… sugiero lo que sigue.
Si uno quiere entrar en este Curso, podría servir, o sería quizá bueno… y cuanto antes mejor… el hacerse rápida y mentalmente algo así como este esquema de “lo que somos”. Es un esquema a repetirse uno mismo… a comprobar si es que sirve para vuestra experiencia.
Cuanto antes tengamos la mente abierta como para aceptar esto y comprobar o no “su verdad”… mejor que mejor.
La imagen en busca de choques
Somos una especie de imagen, una que se vende a sí misma que es una víctima… y que habría venido a chocarse y a encontrarse con imágenes que lo confirmen (lo que nos sucede en el universo, empezando por el hecho de creer que no hemos nacido por nuestra voluntad… y todo el resto de por ejemplo ataques, ataques que se dan por ejemplo en el contexto familiar, y que ocurren irremediablemente… o bien en el contexto social (sentirse atacados por las circunstancias, etc.)).
Nuestra imagen de partida (el “ego”, que quiere ser separado y que se ve como separado) lleva implícito el choque y la necesidad de buscar un lugar (universo) donde proyectarse (pues no aguanta dentro de su mente el terror que le da haber atacado (según cree él) su propia naturaleza (Ser))… así pues, el choque que el ego encuentra en este universo no hace más que confirmar, completar, la imagen que el ego tiene de sí mismo… dándole —en aparentes sucesivas reencarnaciones— más y más historias complejas y muy diferentes… historias que son luego, entre las distintas vidas…, olvidadas… en este cansancio absurdo que llamamos “universo”.
Así, por un lado seríamos un cacho de “mente” engañado… y auto-engañado, pues el universo, contra todo pronóstico, sería nuestro propio sueño… como ya han dicho otras tradiciones “espirituales”.
Ese “pedazo” lo llamaremos “ser”, para distinguirlo de lo que llamaremos Ser, con mayúsculas.
Este ser es un ego (cree ser solamente ego, individuo, separado), pero no ha perdido la oportunidad de volver a elegir su Ser y no su ser (de “despertar”).
El “problema” es que el Ser y el ser pertenecen a “lugares” por completo diferentes, pues en el Ser no se concibe la separación, aunque en el ser sí (pues es su propio sueño). Entonces, aquí todos partimos del engaño, del “ser” con minúsculas… todos partimos de este lugar de separación, con sus herramientas… unas herramientas por completo destinadas a separar y a ser separación (cuerpos separados, cerebros duales, etc.). Pero esto es un “problema” solamente “entre comillas” porque hay un puente que une paradójicamente tales dos mundos (que nos permite despertar del ser al Ser).
Cada vez que nacemos (cada vez que “parece” que nacemos) elegimos lanzarnos aquí… al universo de la separación. Y lo elegimos, no es algo que se nos haga involuntariamente. Así, cada vez que tal cosa ocurre nos lanzamos a creernos todo este lío de cuerpos, ataques, etc.… a creernos por tanto que el universo es lo real… y que es lo único real… pues tal universo está precisamente para ello… y para recibir a tales “pedazos” de mente —auto-engañada sobre su verdadera naturaleza (Ser).
Así que repitamos…
Hipótesis:
“Imagina” pues por un momento que nosotros no fuéramos de este universo, y que el auténtico ser (como dijimos: el “Ser”) que parece habitar este cuerpo no lo fuera —que no fuera de este universo sino que solo pareciera estar aquí.
Dicho “Ser” estaría simplemente soñando todo esto, pero lo hace aposta, a propósito (en un nivel, al que todos despertaremos, donde se comprueba que todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos).
Tal Ser estaría por tanto soñando todo este sueño de cuerpos que llamamos “universo”.
Dichos cuerpos, y no por casualidad, son cuerpos que nacen “indefensos” e “ignorantes”… y que “viven” más o menos “exitosamente”. Y luego, tras un tiempo mayor o menor, terminarán desapareciendo en lo que llamamos aquí “la muerte”.
Pero todo es un truco: es el truco de lo “natural”… de la evolución, etc., etc.
Imaginemos por tanto que este ser, el ser identificado con los cuerpos (el ilusorio, en minúscula; o, llamémosle también, “el ego”) fuera no otra cosa en realidad que una invención… y que, en realidad, este ser —ego— viniera aquí a demostrarse lo que sería una mentira: el “hecho” de que existe separado en este universo… en tanto que cuerpo separado de su verdadera realidad, de su Ser.
Es decir, que viniera a auto-engañarse, pues en esta hipótesis el Ser sería lo único real… lo único que tiene “poder” real y no de ensoñación (ensoñación que recrea, reproduce, todo este sueño de muerte y destrucción hechas posibles… en la dualidad (“infierno auto-infligido”)).
Ahora bien, si vosotros quisiérais hacer todo esto… ¿cómo lo haríais? ¿Cómo pensarías en lograr este objetivo de autoengaño?
Tengamos en cuenta que necesitaríamos demostrarnos (y complejamente, pues si no la cosa sería demasiado sospechosa)… demostrar y demostrarnos “aquí” (en este aquí que ya conocemos, con esas herramientas para la separación…)… demostrarnos que no somos lo que somos.
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Fuente: Wikipedia (origen: http://www.nacionred.com)
¿Indignados?
Ser capaz de indignarse con lo que ocurre “fuera” supone caer en la trampa que nos propone el universo desde el principio del mismo; supone caer en la trampa que nos pusimos soñando este universo: que nos veamos como víctimas, en tanto que privados de algo, capaces de morir, de desaparecer…, presas del sufrimiento, del odio, del conflicto, del ataque, de la injusticia…
Pero somos el soñador de este sueño sin consecuencias.
El universo está precisamente para que podamos meternos fácilmente, nosotros a nosotros mismos, en esa trampa. Es una trampa grandiosa, pero meramente una trampa.
Todo nos lo hacemos desde siempre nosotros a nosotros mismos.
Nuestras vidas son un sucederse de tales trampas… trampas que reflejan y recrean en modelos aparentemente más pequeños aquella colosal trampa: la del universo. La vida sería un transcurrir de trampas con las que, en diversas situaciones en que nos metemos nosotros por nosotros mismos… de una manera u otra… vamos eligiendo:
— tener la razón (es decir, vamos eligiendo ego, miedo, separación…)…
— en vez de elegir “ser felices”.
Es decir, elegimos miedo en vez de elegir el amor perfecto que ya somos… la eternidad que ya somos. Este “ya somos” es algo difícil de reconocer aquí… pues para eso está precisamente la colosal trampa de cuerpos y más cuerpos necesitados… en este universo que nos hemos puesto a soñar para poder “idolatrar” todo esto deshaciéndonos al identificarnos con “lo de fuera”. Y la trampa que llamamos “universo” no tiene final, no aparentemente, pero su final simplemente ya está aquí: es el sencillo “hecho” (el único hecho real) de que no existe.
No hay salida desde el sentimiento del miedo. Y solo hay dos emociones, dos sentimientos…: el miedo y el amor.
Del miedo surgió este mundo que vemos, para escondernos ese otro mundo que aquí solo se puede reflejar, pues su Amor no es de este mundo.
Todo lo que vemos aquí son componendas por definición imposibles entre miedo (ataque, escasez-carencia, sufrimiento, conflicto…) y amor (eternidad, unión, igualdad…), y hasta que nos damos cuenta de que ya somos Amor (un amor que aquí realmente no podemos comprender pues como decíamos, no es de este mundo).
Tales componendas son lo que podemos llamar magia.
Todo lo que vemos es magia, pues normalmente percibimos eligiendo rápida e inconscientemente un cierto maestro interior para nuestra percepción: el ego.
Y aunque hay otra posibilidad, por defecto parecemos tener solamente a este último maestro, al ego, a nuestra disposición. Pero el ego es un “maestro falso” por el hecho de vendernos la moto: la moto de este universo falso, el que tenemos delante aparentemente y que parecemos recrear con todo nuestro ser (sin querer saber que la única parte real de nuestro ser no está aquí). El propósito de este universo es el de que nos olvidemos de que tenemos mente; y así, sin mente, dementes, no podemos elegir precisamente al otro maestro, al que no es el ego, para poder reinterpretar con él todo este universo que realmente no está ahí… y poder así escapar felizmente de aquí, despertando en vida, satisfaciendo el plan de deshacer alegremente este sueño de universo que nunca existió (en un “despertar”).
Por ejemplo, “magia” es una roca…, es la superficie rocosa de la Tierra…, la cual digamos que nos intenta plantar delante nuestro la idea de que en el universo es posible una cierta duración digamos “casi eterna”. La magia es el envoltorio de la idea de la separación, de la idea de que es posible separarse de nuestra naturaleza, una naturaleza que aquí no podemos vivir más que instante a instante… y que es la de ser aquel amor perfecto, por así decirlo.
Pero como dijimos… hay otro maestro interior; con él podemos re-percibir el mundo y comprobar que es nuestro propio sueño, al poder despertar del mismo; así, escapamos de aquí, “perdonando” toda percepción; a este otro maestro llamémosle por ejemplo “amor perfecto” (“AP”).
Entonces, si con algo estamos indignados es con el Amor. Esto consigue que nos sea difícil poder siquiera plantearnos el elegir que nos guíe AP en nuestra percepción… pues siempre por defecto estaríamos autoprogramados para seguir los dictados del otro maestro interior, el del caótico ego… ese que nos dice que nos identifiquemos con cuerpos… con apariencias… con “nuestras circunstancias”… historias… etc., para así no poder ver más adentro, en “la mente”… para no ver precisamente la identificación de todas nuestras mentes aparentemente separadas con el sistema de pensamiento del ego, el que sustenta este mundo: ataque, conflicto, sufrimiento, dolor, enfermedad, miedo, etc.: en general: la dualidad.
En realidad nosotros no soportamos el Amor. Esto lo habréis visto, una y otra vez, en vuestras vidas, y lo recordaréis si las contempláis con honestidad, pues normalmente rehuimos ciertas uniones intensas… de esas que no nos restarían amor (las relaciones normales nos lo restarían… al estar compartiendo normalmente carencia…, al compartir nuestra sensación de ser especiales, lo cual es algo irreal…, etc.)… ciertas uniones intensas… y desde las cuales digamos que podemos abarcar más y más, al extender el amor sin “pérdidas”… instante a instante… al extender unión, igualdad, etc. (aunque el universo tiene límites y lo importante aquí es el logro en nuestra percepción… lo que avanzamos nosotros en unión con alguna gente a la hora de repercibir el sueño de miedo para poder escapar de él en vida).
El Jefe
Así pues, hay digamos que una especie de “Jefe de todo esto”, uno solo, e indirecto (pues nada tiene que ver con este sueño de destrucción y miedo ilusorios); tal jefe resulta ser, sencillamente, y desafortunadamente para nuestros egos: el Amor; tal jefe es “la Fuente” de amor perfecto en la que en realidad todos estamos desde siempre, es nuestra verdadera naturaleza, una a la que vamos a despertar, tarde o temprano, pues realmente no estamos aquí soñando miedo, muerte, destrucción.
Aunque, también afortunadamente para nuestros egos, si tal Jefe es “jefe” lo es solo porque elegimos escuchar la susurrante voz del amor, en nuestro interior, que nos dice que esto es solo nuestro sueño, y por tanto el Jefe no está y nunca estuvo en el universo, pues no lo creó. Solo parece estar “ahí fuera”, en ese “afuera que no existe”… cuando vamos proyectando eligiendo AP en vez de elegir ego. Leer el resto de esta entrada »

Constelar la enfermedad desde las comprensiones de Hellinger y Hamer. Brigitte Champetier de Ribes
En general sanamos eligiendo la verdad y no el destino.
La verdad nos sobrepasa y nos acoge, y es difícil elegirla porque requiere soltar las ilusorias y muy inconscientes riendas que nos atan a nuestros juicios-cuerpos.
La verdad tiene que ver con la desidentificación que amplía nuestras miras*.
Pero elegir la verdad no tiene por qué conllevar un rechazo del destino, sino que con ello aprenderíamos a mirar a tal destino aparente de otro modo, accediendo a cierta visión.
Pero, insistamos: solo sanamos decidiéndonos por la verdad y no por el destino, deshaciendo así nuestro “cuerpo mental” de reacciones automáticas, de ser reactivos. Y esto se supone que nos puede llegar a fabricar, en nosotros, un cuerpo más bien vidente, un cuerpo de respuestas evidentes dadas desde la videncia.
Pero entonces tenemos un grave problema: no sabemos ni queremos saber que:
— tenemos una mente (en el segundo sentido de ‘mente’, del cual hablábamos en «Sentir:…»),
— y que además ella está decidiendo constantemente.
Preferimos identificarnos constante y fatídicamente con cosas como cerebros, cuerpos, moléculas, etc., y de hecho nos gastamos mucho en tal identificación (universidades, aparatos, etc.). A eso venimos al universo, a proyectarnos ilusoriamente (historietas, ciencias, etc.).
El destino es eso que siempre estamos eligiendo testarudamente, y como por defecto. Es nuestro defecto de fábrica. Es un destino de reacciones, y del cual sin embargo podemos hacernos responsables para, en vez de reaccionar, responder, aceptando poco a poco que la vida no es la Vida, que la visión no es la Visión.
Y es sorprendente que nos podamos hacer responsables de nuestro destino a todos los niveles, pues tales patrones de reacción son algo que interiorizamos incluso desde cuando éramos fetos.
Es sorprendente… pero cuando nos damos cuenta, con alguna experiencia, de que no estamos solos, de que nunca lo estuvimos, y de que nunca tuvimos el control de nada en realidad (aquellas ‘riendas’ que acabamos de mentar arriba)… entonces vemos que no es tan sorprendente.
Y es que no podemos elegir la verdad “conscientemente”, pues nuestro consciente es “mental” (en el primer sentido de ‘mente’ en dicho artículo «Sentir:…»). Así que para aceptar la verdad se requiere soltar aquellas ilusorias riendas, pues nunca tuvimos el control de nada, y la verdad nos elige (es decir, nos dejamos elegir por nuestro verdadero ser (Amor)…) si eliminamos los obstáculos reactivos automáticos que son nuestros juicios-cuerpos.
Y nuestro consciente se refiere a procesos corporales “ahí fuera”, se proyecta ahí, en unas rutinas o programas… en unas tradiciones o instituciones que nos llevan normalmente a un destino de identificación, de apego irracional a la nada de “ahí fuera”. Pero la realidad tiene que ver más bien con que estamos unidos en una sola mente… y, sobre ella (o bajo ella), hay Alguien, una Mente (amor perfecto), que trabaja gratis por nuestra sanación en cuanto le dejamos (tal cosa es la conexión con el amor perfecto que todos compartimos).
Eso es lo que en constelaciones familiares se llama “campo”, o a veces algo así como “spirit mind”… y que en realidad tradicionalmente por aquí se llama “Espíritu Santo” —así lo llama Un curso de milagros (UCDM) ** (“santo” es simplemente libre de culpa y perfecto, y la “culpa” es meramente auto-ataque… ese auto-ataque que todos los “individuos” siempre nos estamos realizando, en un grado descomunal, y sobre todo inconscientemente, aunque solo sea por el mero hecho de creer que vivimos en este universo de la separación). Leer el resto de esta entrada »

El universo en tanto separación es una puerta a la nada
«… Pero antes de que te diviertas con el juego de la ilusión, habrá quienes al ver esto de esta manera sentirán una profunda sensación de soledad, porque por primera vez llegan a ser conscientes de una forma muy clara y profunda que en este mundo no hay nadie y jamás hubo nadie. Pero esa sensación pasará rápidamente y no te confundirá más.
» Quienes creen existir comenzarán a percibir en ti algo diferente aunque te manifiestes igual que antes. Pero algo habrá cambiado. Caminará contigo Aquello que te recuerda que no estás solo y sin amigos —como menciona el Curso al final del Manual para el Maestro. Y esa Compañía será todo lo que necesites, porque te recordará cada día que no perteneces a este mundo.»
[de un mensaje del Administrador de www.uncursodemilagros.com.es; el enlace en el texto fue añadido por mí]
Representamos una ridícula obra teatral, el infierno de un ‘guionista’ loco, y para ningún espectador, hecha para nadie. Este es el universo de la separación, aunque en realidad es solo nuestra creencia en él —aunque parezca mentira, sencillamente no existe.
Nos creemos libres cuando sin embargo estamos sujetos al guión de un ego loco, el falso “autor” del sueño que es este universo.
En el momento en que nos diéramos cuenta profundamente de lo ridículo que es todo esto despertaríamos jovialmente (o en su caso aún más jovialmente quizá de lo que ya habréis logrado estar).
Pero, inconscientemente, tenemos muchos impedimentos para asumir el anti-papel que podemos asumir al darnos cuenta que en realidad aquí no hay nadie y que nadie real ve nuestras tonterías: somos un cuerpo trabado de juicios, somos un inocente (invisible) escollo para el amor real, un amor que no es de este mundo.
Tenemos muchos impedimentos para nuestro, podríamos decir… “crecimiento emocional”.
De forma transitoria, para ir sanando, esto lo podríamos expresar en contextos donde existen fórmulas como por ejemplo esa de Michael Brown, que dice que el mundo es el patio de recreo de unos inmaduros emocionales. Somos inmaduros hasta que decidimos ponernos a cargo de nuestra respectiva carga emocional negativa, no integrada y que tarde o temprano es algo desintegrante. Tal carga procede —en el contexto de Brown— de los tiempos de la infancia —por lo menos viene de ahí (o de más lejos).
Pero, por defecto, lo que hacemos los humanos es arrastrar tal carga en tanto carga, y no ponernos a cargo de ella: no nos hacemos responsables emocionalmente de ella. Así pues, llevamos la carga como una carga, y así va modulando nuestro cuerpo de juicios en sus reacciones inconscientes, y más o menos infernales. Esto lo hacemos en vez de estar a cargo; en vez de dar respuestas responsables nos cargamos a las espaldas las cargas negativas emocionales —de nuestros contextos familiares y sociales— y vamos por ahí reaccionando: reproduciendo patrones de amor negativo más o menos exagerados, por el mundo… y con casi todo el mundo.
Nuestros egos, aquí, no pueden ser en realidad espectadores de nada. Y nuestro ego, como diría también Brown, está compuesto por la mortal triada de: comportamiento, circunstancias vitales y apariencia (cuerpo).
Tal triada no tiene ninguna relevancia para la realidad, aunque esta frágil triada es precisamente aquello a lo que más nos apegamos para ser “felices” según el infernal e invertido concepto de “felicidad” que tendría el mundo-sueño.
Hay una única presencia o un único “espectador” al que en buena lógica podemos entregar esta obra irrisoria sin espectadores, y ello con una lógica que no es de este mundo, pues este mundo no tiene ningún sentido. Leer el resto de esta entrada »

rense.com
A modo de primer “axioma”: el axioma “A”
El universo es puro caos, para bien y para mal. Es decir, aquí nada tiene sentido (ninguna “ley”, etc.); nada tiene sentido en tanto universo de la separación, en tanto esa presentación que creemos ver delante, donde se nos pretenden presentar cosas aparentemente separadas (y por cierto, muy en general y muy en el fondo somos nosotros quienes nos las presentamos a nosotros mismos, en realidad… por raro que suene —aunque esto ya lo recordaremos más adelante).
Este es nuestro digamos “axioma” A, el que ante todo nos plantaría, digamos, una especie de base sin límites para lo que puede suceder aquí, en el universo, en el sueño de universo; el universo en realidad no está a nuestro cargo, pero nosotros podemos querer ponernos límites, leyes, etc., mientras que todas esas cosas pertenecerían en realidad al gigantesco campo de “problemas inventados” que es en el fondo este universo, como ahora recordaremos.
Es decir, el hecho de que suceda lo que sucede… aquí… depende de nosotros mismos, de nuestras elecciones pasadas… y de una decisión primera que tomamos un día aparentemente muy lejano.
En el universo-sueño no hay más que dos cosas:
— decisiones fundadas en nada, es decir, decisiones condicionadas (ego) por una especie de nada que las sustenta (la nada de creer que podríamos separarnos realmente, que la separación podía ser real)…
— y decisiones fundadas en una especie de todo, un todo que por tanto podemos reconocer que también somos, y podemos reconocerlo durante la vida…, en vida; este todo no es de este mundo, pues ni siquiera ve este sueño de universo (en realidad este mundo “no es”, en un sentido fuerte de “ser”). Sucede como si este todo nos eligiera cuando nos dejamos… eligiendo así por nosotros… eligiendo por nosotros lo que es mejor para todos, es decir, eligiendo en favor de la Fuente… Fuente a la cual estamos conectados desde siempre y para siempre… y que sería quien indirectamente nos susurra desde nuestro interior a través de nuestro canal de conexión no perdida con el amor perfecto… y que nos “dice” con ello que “volvamos”… es decir, que despertemos de este sueño de miedo y destrucción.
Elección y condiciones para la elección
Aquella representación de la que hablábamos es pues una ilusión, es una mera representación, muy compleja, que “ama” la complejidad (a niveles sociales, físicos, etc.); este sueño es la representación de una simple mentira sobre nuestra naturaleza como mente (amor perfecto)… es decir, se trata de un complejo simbolismo de la separación, pero de una separación ilusoria (pues no es posible separarse realmente del amor perfecto que somos).
Aquí, en lo que vemos, todo derivaría simplemente de la creencia en la separación y del miedo que dio elegir la interpretación que hizo lo que llamaremos “ego” de tal separación.
Así pues, dicha creencia habría sido interpretada “trágicamente” por nosotros mismos: primero en un nivel colosal, y luego “aquí”, en este preciso instante, de forma refleja, constante… en aparentes micro-decisiones en cada segundo (que se deciden por ver separación… por vernos separados, etc.).
Tal creencia, decíamos, fue interpretada seria y trágicamente. Y esto tan “trágico” o tan serio deriva entonces en una especie de culpa colosal (auto-ataque), sentida de forma abrumadora por esa “mente colectiva” que en realidad somos… y que creyó poderse separar realmente de su Creador (o Fuente).
El mundo es una defensa; creemos ver el mundo aparentemente “fuera” de nosotros, y creemos que fue concebido de forma neutral; pero aunque no sea nada y en un nivel sí sea neutral, sin embargo… lo que más nos importa para empezar a poder pensar “qué hacemos aquí”… es el asunto del propósito, y el mundo tiene uno: el propósito del mundo es el de que no podamos ver aquella decisión, seria y trágica, en nuestro interior, la que conllevó la enorme culpa de la mente (culpa o auto-ataque que proyectado dio lugar a estas capas de defensas que nos sirven de escondite con respecto al único verdadero problema: haber elegido la interpretación que el ego hizo de la separación).
Resulta que si viéramos en vida, claramente, que podemos decidir… es decir, que eso que acabamos de comentar fue simplemente una decisión (a ese nivel tan general)… entonces automáticamente veríamos que hay otra decisión, y que solamente hay otra: una que automáticamente consigue deshacer por sí sola las consecuencias de habernos decidido por la interpretación que el ego hizo de la separación.
Esta interpretación es la oscuridad, y la luz que espera en nuestro interior espera que le llevemos cada vez más generalizadamente toda la oscuridad que podamos para que simplemente la desvanezca. La “oscuridad” es todo momento, aquí y ahora, en que elegimos pensar ataque, en que enjuiciamos, etc. Si aprendemos a llevar eso cada vez más en bloque a “la luz” que conservamos, la de aquel canal de conexión con el amor perfecto en nuestro interior… podremos iluminar nuestra mente de tal modo que cada vez nos será más claro que todo depende de habernos decidido por una opción y solo una opción: la separación es real.
Pero la separación no lo es, y la luz nos lo va demostrando mientras llevemos toda la oscuridad a su simple presencia. La oscuridad es el ego, y todo nuestro papel aquí, si queremos ser realmente felices, felices no en la dualidad, sino desde nuestro corazón no-dual… todo el papel a desempeñar es el de mirar al ego de frente, en-frentarlo.
Así pues, “la otra decisión” es simplemente dejar que actúe (desvaneciendo la oscuridad) ese canal de reunión con el amor perfecto… ese que aún poseemos y somos… pues la memoria de nuestra realidad no se perdió jamás.
Aquí venimos pues a hacernos una memoria del mundo, a creernos nuestra historia personal, una versión de lo que es el mundo, la relaciones, nuestro papel… es decir, venimos a ser identidades egoicas… venimos a identificaciones, en general.
Pero nuestra realidad es más directa; nuestra verdadera realidad no requiere de ninguna identificación, pues es la constatación (con el trabajo aquel de desvanecer la oscuridad) de que somos Amor, “luz”…, es decir, de que no estamos aquí.
Estamos en la Fuente… en esa Fuente de amor perfecto que dio lugar a nuestra realidad como mente (y recordemos que el papel de “lo material”, cuerpos, mundo, etc., es el de constituir una disuasión, una defensa… tal y como dijimos: nos defendemos precisamente de toda esta simpleza que ahora mismo estamos aquí comentando, y nos defendemos de ella pues lo que ocurre es que todo esto nos da miedo: nos da miedo en concreto el para nosotros posible castigo del Amor, el castigo de la Fuente (un castigo imposible, pero que nos inventamos como posibilidad); y esta aparente paradoja (este amor negado, amor negativo… cuando es imposible negar el amor… es decir, inventarse una Fuente o un Dios que pueda por ejemplo condenar…)… esta aparente paradoja, decíamos, es lo que “fabricó” este mundo que creemos ver delante nuestro… y que es un mundo surgido del miedo… pero que no tiene consecuencias y que no es en sí “miedo”, pues simplemente no es nada —así como tampoco el miedo es nada).
Necesitamos unas hipótesis claras de partida para ver por qué este axioma y este tema de la elección (que es lo que nos cuenta básicamente Un Curso de milagros)… tan tajantes ambos… son algo importante… y no una mera tontería.
De ello va a depender el poder imaginar cómo el universo (y las civilizaciones como un ingrediente fundamental) va a tener, afortunada y seguramente, una especie de “final feliz” —y ello cada vez de forma más global. Y decimos “afortunadamente” pues, como recordaremos abajo de nuevo y ya hemos dicho… y contra todo pronóstico… nosotros en realidad no estamos aquí.
También empezaremos a hablar poco a poco sobre la posibilidad de ver a partes de este universo, es decir, a partes de este sueño, en tal sueño final… en tanto una especie de “acto de meditación” a todos los niveles.
Hipótesis
Para ello vamos a tener que aceptar, una vez más, las “hipótesis” que aquí hemos barajado una y otra vez, y que hemos contado arriba. Se trata, recordemos, de esto que es tan aparentemente simple… y que está en realidad en tradiciones espirituales muy variadas, “viejas”… incluyendo lo que parece que podría ser una especie de guinda y aclaración fundamental en Un Curso de milagros (“UCDM”):
1.- Sueño.
El universo es nuestro propio sueño (la mente colectiva, unida, está ilusoriamente separada, y está soñando dormida este universo). Por tanto, nosotros no estamos realmente aquí, solo lo soñamos.
2.- ‘Cielo’
El lugar donde verdaderamente estamos es nuestro hogar natural, con la Fuente (‘amor perfecto’, ‘Dios’… como se quiera llamar). Este lugar lo podemos llamar ‘Cielo’. Sólo ahí tienen sentido categorías como la de “equilibrio”, “unión”, “unicidad”, “libertad”, “eternidad”, “realidad”, etc.; sólo ahí, en lo llamado ‘Cielo’ (nuestra unión con la Fuente) “son verdad”. El resto de movimientos que aquí hagamos son auto–engaños más o menos benignos (si reducen el miedo).
3.- Sentido de las categorías.
Aquí, en el sueño, ninguna categoría, concepto, etc., tiene sentido; y todo da lugar a irrealidad o bien la apoya, aunque más o menos benignamente (reduciendo o no el miedo) pues el sueño es irreal, aunque en diversos grados y niveles que, en último término, también son irreales (y no tienen sentido porque en último término nada lo tiene aquí).
4.- Magia.
Este hecho, el de imponer categorías es muestra en general de intentar reconciliar lo irreconciliable (el universo es muestra de ello, pues con su surgimiento, aparte de nuestro escondrijo… digamos que quisimos reconciliar al Amor con su opuesto; y otro ejemplo u otra forma de decir lo mismo es el de querer reconciliar eternidad con tiempo), y supone lo que más globalmente UCDM llama ‘magia’.
Todo lo que vemos y pensamos por defecto es siempre magia; y por defecto está sometido a un propósito o significado: separación; somos nosotros los que podemos preguntar a nuestra presencia (que está fuera del sueño) qué “usos” de las categorías pueden o no contrarrestar el propósito de separación; en general en el caso de los individuos recordemos que la felicidad auténtica supone un cierto trabajo de re-conexión con el canal que nos une con el amor perfecto, y que enseña a deshacer la interpretación seria de la percepción de separación.
Así pues, normalmente imponemos en vez de aceptar; la lucha parece darse en tratar de imponer nuestra naturaleza (como mente perfecta, amor perfecto) a un mundo concebido para demostrarnos a nosotros mismos que precisamente nosotros no somos eso, no somos mente perfecta unida a la Fuente en su Amor perfecto.
Tal imposición tiene en general que ver con los juicios precipitados… con las reacciones a nuestras propias interpretaciones… con el tiempo lineal… etc.; tal imposición es una constante fantasía consistente en suponer que intrínsecamente tales categorías están “ahí afuera” o pueden y deben rápidamente “actuar” ahí fuera para mejorar nuestra vida (como egos con sus historias personales, etc.).
Suponemos, a menudo, que esas categorías son, o que tienen que ser, digamos que características reales de este sueño de universo (por ejemplo la categoría de equilibrio); suponemos eso en vez de —en general— más bien aceptar más silenciosamente que simplemente este sueño es lo que es: lo relativo al axioma A, que nos dice que “el universo sería más bien algo desequilibrado” pues fue concebido para lo que hemos dicho, aunque digamos que, para empezar, este último juicio sobre su “desequilibramiento” tampoco nos vale (tal y como en definitiva ningún juicio vale aquí, en el universo); y no vale, en último término, pues sigue dependiendo de la categoría de “equilibrio”, que “apuntaría al Cielo”, es decir, que solamente es “verdad” ahí (en nuestra verdadero hogar).
Esas categorías relativas a la perfección, etc., reconocemos por tanto que son a menudo lo que parece “movernos”, pero lo hacen en realidad porque nosotros no estamos aquí, y por ello se dan los choques inevitables… y el uso que hace el “poder terrenal” de tales cosas, fácilmente manipulables. Así pues, no podemos pretender fácilmente que actuar movidos por estas categorías provoquen mejoras en algo que es un sueño; o no podemos pretender que “lo de afuera” responda como nos parezca a nosotros en tanto que egos; todo está en nuestra mente —en otro nivel de lo mental—, y lo que podemos hacer es quizá más bien reducirnos a ciertos análisis del sentimiento, constatando, primero personalmente, que nuestros movimientos consiguen reducir el miedo, que la magia (intentar reconciliar lo irreconciliable) realmente reduce el miedo.
Cuando se hace “política”, pues, por ejemplo… nos mueve por ejemplo una categoría como la de ‘igualdad’ —o como la de ‘libertad’.
5.- Efectos del uso de la magia.
Hay diversos grados o modos de actuación en tal imponer.
Como nosotros estamos en el Cielo (2) siempre estamos “haciendo magia”; estamos “en la magia” cuando creemos vivir aquí en el universo-tierra.
Normalmente, por defecto, diríamos que tenemos “buenas intenciones” al imponer estas categorías a lo que creemos que está afuera de nosotros, pues estas categorías habitan con mucha naturalidad en nuestras mentes; por ello, parece fácil que actuemos así, “ilusoriamente”, y actuamos pues en diversos grados, y más o menos catastróficos o más o menos liberadores (lo difícil es evaluar eso, pues en general no es nuestra tarea como egos (y en realidad no se puede “evaluar” tal y como evaluamos aquí en el mundo), sino que sería digamos una tarea del “maestro interno” de cada cual, ese que actúa “gratis” en todos y para todos, para que el sueño mejore para todos; solo él sabe de esas mejoras reales, y parece que tienen que ver con la reducción del miedo de la que hemos empezado ya a hablar y que será la clave).
Así pues, actuamos pues como “ilusos”… y también normalmente actuamos dando pie a que continúe esa ilusión infernal que es este sueño en tanto que quiere hacer real el miedo.
Este sueño se deshace con el perdón, y en este artículo querríamos hablar, a la larga, en sucesivas ampliaciones, de en qué podría consistir cierto “perdón técnico”, o perdón a través de lo “técnico-físico”… pues se trata de que es posible y necesario (para nuestro sí-mismo, ese que está en la Fuente y nos “habla” desde ahí)… sería posible “perdonar toda percepción”, incluyendo las “condiciones civilizatorias”. Esto último necesariamente habría de tener consecuencias, suponemos, en cómo serán o terminarán siendo en algunos ciclos tales condiciones… en el futuro ilusorio de alguna etapa de este universo en lo que nos toca vivir en esta línea de universo. Y bien, el universo es dualidad, y en un principio no está hecho para “progresar”…; vale; pero lo que sí diríamos que quizá progresara, ilusoriamente… pero que podría “progresar”… sería la conciencia del mismo…, esa que somos, que creemos que somos… es decir, la de la mente separada que se cree realmente separada; y esto lo decimos porque también en UCDM se dice que todo este lío de universo-sueño debe tener al final una especie de fiesta, o de carcajada final… donde tal mente o conciencia consiga reírse por fin de la idea de la separación… y con ello regrese definitivamente a la Fuente de donde en realidad nunca salió.
En general, el poder (es decir, por una parte nosotros mismos… “poder”: nuestro deseo de separación, de “ser ego”…) se aprovecha de, o bien digamos que canaliza el mundo, que encauza el mundo… apoyándose en nuestras buenas intenciones; estas intenciones digamos que son algo “dispositivizado”, dispuesto en dispositivos civilizatorios para así crear gigantescas articulaciones “egoicas” como mecanismos relativos al control o el condicionamiento de las granjas de egos… es decir, de la mente separada (algo quisimos empezar a hablar de todo ello en «Dos Partidos universales. Notas sobre el gobierno de las granjas de egos»).
Pero volviendo a las categorías (las ideas, conceptos, son a veces muy importantes…): estas categorías no serían de este mundo… no serían del mundo de la “tierra”.
Y el no reconocer esto sería lo que consigue reciclar nuestros ciclos de sufrimiento e ilusión… de ataque.
En general tal acto de reciclar es un error, pero es un error constituyente: es un error exactamente en la misma medida en que el universo es nuestro propio error de percepción, ya que fue puesto en marcha como un error de interpretación cometido por una especie de mente colectiva que aún somos todos nosotros, como ya dijimos, y conectados como parece que estamos, en “realidad”, a todo el universo… también en ese nivel inconsciente ilusorio.
Este error, por otra parte, no tuvo consecuencias en nuestra realidad (Cielo), como ya dijimos… y, por tanto, no es más que un sueño —constituyente de un sueño— y ni siquiera llega a ser realmente “error” (en la realidad no).
6.- Uso correcto, sanador o digamos “sagrado” de la magia.
El uso de estas categorías debe ser un uso (“condicionamiento”) no explosivo; es decir, que, al usarlas, al crear campos de condicionamiento social del ego… debemos “vigilar” que sirvan para aceptar el axioma A y la naturaleza del universo expuesta arriba, y ello de un modo tal que los efectos sean liberadores, es decir, que reduzcan el miedo… un miedo que sería esa emoción que nosotros inventamos como mente colectiva universal al creer la interpretación que el ego hizo de la idea de la separación (lo cual tampoco quiere decir que Leer el resto de esta entrada »

El mundo es una escombrera rebosante de negativos, repleta de película en negativo.
Esos negativos son recuerdos de cosas que nunca ocurrieron.
Perdonar es revelar los negativos y montar una película a todo color que te lleva al Cielo.
El mundo es una escombrera repleta de patrones de amor negativo que nos hacen reactivos para no permitirnos —nosotros a nosotros mismos— dar respuestas, darnos respuestas, “perdonándonos a nosotros mismos”… responsabilizándonos… al darnos cuenta de que podemos montar una película completamente diferente de esa que tenemos por defecto tirada por la escombrera, y que puede ser sustituida por una feliz película que nos dice que este basurero no es nuestro hogar, pese a que lo hayamos fabricado para sustituir a nuestro verdadero hogar.
Para el mundo es una locura que siquiera nos planteemos perdonarlo todo, perdonando incluso por anticipado, o en el mismo momento en que ocurre eso “a perdonar”.
Para mi sorpresa, creo que tras dejar durante los años y más o menos inconscientemente que algunas preguntas básicas se mantuvieran en el cuerpo… parece que hemos descubierto de forma “vivencial” que más bien es precisamente el mundo lo que es algo por completo demente.
El mundo es una especie de defensa que fabricamos como mente colectiva en un ilusorio “pasado lejano” por el hecho de habernos creído seriamente una locura en tanto que tal “mente colectiva” no separada.
¿Qué nos creímos? Nos tomamos en serio la idea de la separación. Es decir, nos creímos una cierta interpretación de esa idea demente de la separación… una interpretación seria, que se olvidó de reírse de tal idea. Pero en nuestra verdadera naturaleza, llamada por ejemplo “Cielo”, solo hay “risa”, solo “amor perfecto”… aunque de nada sirve en general describirlo solo con palabras.
Esa interpretación a su vez como vemos se toma en serio el mundo aquí y ahora y en cada momento. Y por eso este mundo, o universo, el que surge tras dicha seriedad, no tiene ni pies ni cabeza, ya que nos hemos creído una interpretación que el ego hace a través nuestro y constantemente: aquella interpretación de aquella loca idea de la separación. Y esto el ego lo hace “a través de” nuestro asentimiento o decisión constante por él, de nuestro decidirnos constante e “inconscientemente” por el ego; es decir, mediante nuestro decidirnos por su interpretación del mundo, por su interpretación de la separación; es esta una decisión que llevamos a cuestas, segundo a segundo, con más o menos sensación de lastre (dan igual los grados); y es una carga (ilusoria) con la que cargamos ya por el solo hecho de haber “nacido” aquí, en este no-lugar llamado universo y en tanto que cuerpos “sufrientes” e “indefensos” destinados a una “muerte” segura.
Así, el ego es la instancia que creímos y dimos pie al creer en su interpretación de la loca idea de la separación; nos decidimos por defecto por el ego para tapar la única otra decisión (solo hay dos): decidirnos por la Presencia del Ahora eterno que tenemos en nuestro interior esperando y que nos “habla” de nuestra verdadera naturaleza en unión con la Fuente (amor perfecto, Dios), en tanto mente colectiva unida en el Cielo (la esfera de la verdad, donde no hay elección, y que podemos elegir vivir, progresivamente, y para que nos arrope en el caos de identificaciones con el mundo “externo” que constituye el ego… en un “mundo” que no está afuera en ningún exterior… sino dentro de nuestra mente).
Así pues, tal idea de la separación está ilusoriamente “materializada” en este universo de cuerpos, y tal interpretación se refleja aquí en nuestras mentes, en la tierra, en eso que llamamos “ego”. El universo es una defensa que no consigue ni mucho menos aliviar el miedo que nos dio la interpretación de la idea loca, sino que sigue y sigue reciclando culpa y miedo relativos a tal separación imposible de nuestra verdadera naturaleza en Dios.
Y el perdón, poco a poco, lo que hace es simplemente un cierto deshacer: deshace las falsas consecuencias que tuvo tal idea loca: el universo; el universo es un sueño donde venimos a proyectar, como mente dividida… donde venimos a revivir una y otra vez esos cansinos ciclos de ataque, de miedo y separación… con su correspondiente y también principalmente inconsciente escapada reunificante, escapada de todo este lío: el “despertar” (“cerrando el bucle” entre tierra (infierno ilusorio) y Cielo(realidad)).
El universo esconde el hecho de que tenemos mente… como dice Kenneth Wapnick… esconde el que tenemos una mente que puede siquiera decidirse por algo real (la esfera de la verdad del Cielo, que nos arroparía aquí si purificáramos nuestra mente de toda la oscuridad del ego simplemente dejando que la verdad, lo natural, la luz… trabajara en nosotros). Esconde por un lado el hecho de que estamos decidiendo constantemente: esto lo esconde en su aparentemente ser “natural”, en la aparente “naturalidad” del mundo material, biológico con el que nos identificamos creyendo que es “causa” de algo… y en la fragilidad y en la “personalidad” de las vidas de nuestros cuerpos, sociedades… escondiendo así el hecho de que todo esto es un sueño que es proyectado solo por nuestra constante creencia en la interpretación que el ego hizo de una loca idea.
Al esconder por tanto el hecho de que tenemos una mente que puede decidirse, esconde la otra elección clara que tenemos, la Presencia, nuestra Identidad real, que nos enseña a mirar el sueño con ojos completamente inocentes y que nos enseña por tanto a escaparnos en vida de él (solo se puede hacer esto en vida) pues solo es un sueño (de miedo, muerte, destrucción… es decir, de una “vida” dependiente en dualidad de su “opuesto” ilusorio: la muerte).
El perdón es pues lo único natural, ya que en el mundo, en tanto que el universo simboliza la separación (idea que es absurda), no hay absolutamente nada cuerdo —no en tanto que lo veamos como mundo de la separación, como mundo con cosas separadas, etc.
Decíamos que se puede perdonar “al instante”, pero obviamente el pasado también lo perdonamos: también buscamos más o menos inconscientemente perdonar todo el pasado, pues el pasado, al igual que el universo, en realidad no existe… (solo es la creencia en la separación); el pasado solamente insiste en que lo perdonemos reflejándose en las más o menos caóticas o desesperantes circunstancias externas —las mismas que nos llaman a la integración perdonando todo lo que nunca existió (y en aquel “externas” incluimos cosas como el cuerpo —cuando por ejemplo “enferma”).
Pero, para empezar, es corriente comprobar que la palabra ‘perdón’ está muy mal vista, ya que por aquí está relacionada con esa tan a menudo fatídica tradición católica en lo “religioso”.
Esto que ocurre con las palabras tiene sus ventajas… y sus inconvenientes: por un lado puede contribuir a hacer más inconsciente aún esa culpa (auto-ataque) que de todas maneras sentimos, y, con ello, conseguiría en parte que tal culpa se reflejara en cualquier motivo disparatado “a perdonar”: desde por ejemplo el motivo de haber nacido en un país “x” supuestamente “mejor” que otro…, hasta cualquier otro motivo aparente (incluso por cosas que nos pasaron cuando éramos fetos, pues todo quedaría almacenado en lo que Brown llama nuestro cuerpo vibratorio).
Hacernos “inocentes por defecto” —esta cosa tan simple y que nos daría tanta paz—… reconocer, recordar, que somos absolutamente inocentes en vez de culpables por defecto… es una aparente imposibilidad para el mundo y una completa locura; o quizá también sea una completa desfachatez… ya que el mundo de “ahí fuera” parece precisamente alimentarse a menudo de culpa y en general de ataque en formas muy diversas.
Así pues, el hablar en estos términos no es algo que esté bien visto. Nos hemos vuelto muy enrevesados, no podemos llamar a las cosas por su nombre; no podemos llamar ‘culpa’ al auto-ataque o auto-machaque constante en que más o menos inconscientemente estamos sumergidos (por los fantasmas del pasado, el futuro, el “qué dirán”, etc.)… eso no nos es fácil hacerlo… y, entre otras excusas que nos ponemos para dificultarnos el ser simples, sanos, honestos con nosotros mismos (querernos)… entre otras excusas tenemos la excusa de “lo religioso”…: la historia de la religión y qué “mala” fue… la historia del poder religioso y sus malvados patriarcas… la sociología… etc. —y recordemos que la religión en realidad no se puede instituir, pues, como dice Jesús en Un Curso de milagros: «…el mundo es la creencia de que el amor es imposible».
Y comunicar con la esencia de lo que somos, esa presencia… una esencia que estaría digamos que como “a la contra” de lo que propone el mundo que somos… ese comunicar es el único trabajo real que podemos hacer en el mundo, es lo único que nos aproxima a nuestra realidad, a una realidad que no es de este mundo en absoluto, pues nuestro estado natural es el reconocer, en una experiencia vital y constante (estado al que todos llegaremos, y en vida, pues la muerte no existe) que nada de esto que vemos delante habrá ocurrido jamás: que la separación y el miedo no son reales.
Por un lado es lógico y a veces hasta útil quizá el hecho de que el ‘perdón’ sea tan a menudo algo que esté fundamentalmente muy mal visto, pues la palabra, el concepto y el acto se han usado para hacer justo lo contrario de lo que debería realmente significar “perdonar”.
Si el mundo es algo deprimente, infeliz y demente es por ejemplo porque intenta demostrar que el “perdón” usual es algo valioso; el perdón usual es eso que Jesús llama, en el El canto de la oración, ”perdón-para-destruir”. Con este perdón al uso, el que destruye… todo el “hecho” de “perdonarte” a ti consiste en reconocer que tú eres alguien que ha cometido algo terrible o más o menos terrible… y, luego, otorgarme a mí mismo la potestad de no solo reconocer que tú hiciste eso —lo cual te identifica miserablemente solo con tu cuerpo, tu comportamiento y tus circunstancias… es decir, con la trinidad del ego, tal y como lo dice Michael Brown en su precioso El proceso de la presencia—… sino, además, “absolverte” (!) más o menos explícitamente, con una arrogancia que en realidad no sabemos hasta qué punto nos rebaja a los abismos vibratorios más miserables de este infierno de la separación que hemos fabricado para “expiar” una culpa que nos hemos inventado nosotros mismos en tanto que mente colectiva… un infierno que llamamos rimbombantemente ‘universo’ (esto lo aprendemos maravillosamente con las imprescindibles palabras que nos llegaron en el siglo XX con el texto de ‘Un Curso de milagros’ (UCDM)).
Así pues, el perdón “auténtico” es una auténtica locura para el mundo, pues desde tal perdón por fuerza hemos de sentir profundamente que en todo este dislate de universo no hay y nunca hubo nada que perdonar… y se siente en el mismo instante en que lo que sea que ocurra ahí “fuera” esté “pasando”… o incluso antes, como dijimos, pues cuando te vas haciendo “inocente”, es decir, “feliz” desde la alegría del Ahora eterno… se supone que sentirás las consecuencias de tus actos incluso antes de que éstos ocurran; es decir, te haces tremenda y liberadoramente responsable.
Alguien que perdona realmente, alguien que es perdón… es decir, alguien inocente… es alguien que no puede compartir ataque (ni se le ocurre), es decir, que no puede compartir culpa, miedo, separación…: solo puede extender inocencia, paz… sea cual sea la condición de lo “exterior” (que nunca está en ningún “afuera” y nunca lo estuvo)
Y esta locura sana, la del perdón que no destruye, la del auténtico perdón… es lo que más nos acerca a nuestra no menos sana y loca “única realidad”, esa que no está en absoluto “aquí”, como cuerpos, en la tierra (como “polvo”). Como dijimos, nuestra auténtica realidad es el Cielo, es decir, en nuestra unión con una Fuente que nunca hemos abandonado o perdido —solo en sueños, en los sueños de miedo que quiere ser este universo pero que serán transmutados por todos nosotros en sueños felices, en alguna vida ilusoria, y cuando nos vayamos dando cuenta de que «nada real puede ser amenazado», que «nada irreal existe»… y de que precisamente en esto «radica la paz de Dios» (la única paz real) (ver UCDM, pág. 1).
paz y amor
Como sabemos, las dos palabras “mágicas” que nos dan la clave del universo son: “conflicto ilusorio”.
El universo es conflicto ilusorio, es una ilusión que se presenta como conflicto, como dualidad.
Nuestro papel aquí, en tanto que en verdad solo somos Amor no-dual —y que es un papel que siempre estamos representando en el mundo aunque no lo explicitemos como ahora estamos haciendo— sería una especie de acto de recordar nuestra naturaleza conectando con nuestro corazón no-dual, para así poder dejarnos llevar por él hacia una percepción que de cierto modo va a ser “siempre nueva”… hacia nuestro constante renacer permitiendo el deshacimiento del ego en nosotros (lo cual nos da paz e irradia paz, en el mismo movimiento)… y siguiendo sin esfuerzo una especie de plan que es “contrario” al plan del ego, una especie de “plan” contrario al plan caótico de la separación (y luego… luego los fines, las metas, las acciones… ya vendrán, ya saldrán… pero intentando siempre conectar con nuestro sentir profundo… en tanto seres que se conocen a sí mismos, que se “reintegran”).
Hemos dicho que el papel “se representaba”. Más bien es el único papel que no se representa aquí, sino que se presenta. Todos los demás papeles de los que consta el mundo-representación ilusorio del ego están para disuadirnos de nuestro único papel real en la conexión con nuestra presencia interior: permitir el deshacimiento del ego en nosotros.
También hemos dicho “acto de recordar nuestra verdadera naturaleza”. Y aquí igualmente se trataba de una forma de hablar, pues no se trata en absoluto de un acto como los actos más o menos robóticos que se dan en nuestras representaciones de los papeles del ego.
Así, permitiendo que se “sanen” nuestros conflictos (al verlos como ilusiones ayudados por nuestro Niño interior o como lo queráis llamar) podemos acercarnos a sentir nuestra verdadera naturaleza (que nada tiene que ver con este universo, con la dualidad, ya que ésta no existe), lo cual tendrá consecuencias en “el mundo”, consecuencias que ya no importan tanto y que ni conocemos ni debemos intentar controlar.
¿Cómo se refleja el conflicto en nuestras vidas?
Aquí venimos literalmente a hacernos los inocentes, a echar las culpas a lo que hay “fuera”, y sea cual sea su cualidad: sistemas sociales, bancos, vecinos que incordian, familias, etc.… así que qué mejor que venir al universo a “vivir” como fetos unos cuantos meses y luego a nacer y “vivir” como cuerpos que no entienden nada (en el sentido profundo de “entender”, el del corazón), absolutamente nada de lo que pasa (de-mentes)… y que parecen meros atajos de emociones vibrantes.
En realidad nuestra presencia interior siempre estuvo ahí, desde el principio de nuestra vida, pues es eterna; ella toma nuestros cuerpos e historias personales y temporales para identificarse con todo ello fabricando esas excusas o identificaciones para así convertirse ilusoriamente en demencia —esa pura demencia que constituye este lugar infeliz que llamamos ‘mundo’.
Ese cuerpo, por ello, se constituirá como historia, como personalidad, configurando su mapa o su “patrón de conflicto”; y tal mapa es en realidad, y en un nivel más real (aunque parezca “esotérico”), aquello que todos venimos a expresar (a ver “fuera” para poder “perdonarlo”) en tanto que todos somos un cierto “átomo de ego” cuando volvemos a “reencarnar” ilusoriamente en otra vida ilusoria en el universo falso.
Así, la configuración de los grandes rasgos que articulan nuestro “devenir realistas” en la irrealidad del universo, se da… como dice Michael Brown (en “La alquimia del corazón”) por una sucesiva grabación o impresión de nuestros cuerpos emocional, mental y físico.
Entonces, el tradicionalmente llamado ámbito de lo “espiritual” (conectar con nuestra “esencia sentida” —con la presencia interior— para salir de este “lío”) sería la dimensión que siempre nos permite acordarnos de que nosotros ni somos ni jamás fuimos nada de todo esto que creemos, pensamos, o de lo que creemos que vemos en este aparente “afuera” del universo de la forma. Leer el resto de esta entrada »
Eso es lo que dice Wapnick en este vídeo subtitulado (min. 3’43”):

Niña enfadada pidiendo a gritos cambiar al Amor. Pero si se enfada, si es revoltosa, si es indisciplinada, rebelde… tú no te enfades, pues solo está pidiendo amor (todos no hacemos otra cosa que eso)
«La peor cosa que los padres, profesores o cualquier adulto puede hacer con un niño es perder el control».
Pero como vemos en “la vida” esto es prácticamente lo normal; es normal que suceda así, tal pérdida de control de un adulto ante un niño. Pero no deja de ser dantesco ver a un adulto representar ese personaje: estar enfadado con todas sus fuerzas contra un niño.
La firmeza amorosa no nos suele parecer que sea algo suficiente para tratar con estas situaciones “desesperantes”. Y parece que los niños provocan especialmente muchas situaciones en las que los adultos fácilmente perdemos la paciencia y saltamos a gritos, a golpes… de la rabia o de la ira… desesperación.
Pero la asimetría es tan brutal…: este enfado tan “asimétrico” se siente como algo realmente dantesco, infernal. Y al mismo tiempo parece ser “lo normal”. ¿Cómo es esto posible?
Ya sabemos “por qué” pasa esto: es así porque el universo está precisamente configurado para poder representar cierto drama de la mente global, un drama de nuestra propia invención: la separación (y se trata de una ilusión, aunque una muy bien fabricada, eso sí).
Ya el mero enfado “entre adultos” se siente a veces sin mucho esfuerzo como algo que es por completo absurdo… aunque quizá normalmente esto se llega a sentir mejor con el paso del tiempo, cuando nos vamos cansando de “vivir” la misma historia de siempre sin aprender nada real. Leer el resto de esta entrada »

Antes era una pregunta con patas y ahora ya tengo un par orejas para volar
¿Por qué no vemos todo como respuestas?
Sencillamente porque no queremos —y sobre todo no queremos responsabilizarnos de esa falta de “voluntad”, ya que somos robots de nuestro inconsciente de interpretaciones, juicios…
Es paradójico, porque la mayor voluntad del mundo —la que “crea” este universo, la que sueña este universo— es inconsciente, y es ese no querer responsabilizarse de nuestros juicios (y las emociones también son juicios: el miedo con el que enjuiciamos la muerte en parte no es más que una muestra más de nuestra arrogancia ante lo desconocido).
Sin embargo, si nos responsabilizamos, podemos usar nuestras experiencias como un medio para conectar con la respuesta a todos nuestros “problemas”, respuesta que está en nuestro interior.
Cuando algo de lo que vemos nos perturba, ya sea en los cuerpos, en nuestro cuerpo, en los de los demás…, y nos perturba en tanto que:
- “desconocido”,
- en tanto que necesitamos comprensión; es decir, creemos que eso de ahí fuera nos convierte en seres que carecen de comprensión… en relación a ese cuerpo, o incluso en general en relación al universo…,
- o cuando necesitamos “arreglar” lo de fuera, la sociedad…
- o cuando sentimos ataque porque eso que vemos “fuera” y nos perturba es por ejemplo una enfermedad…
…cuando algo de lo que vemos nos perturba en realidad estamos ante una pregunta.
¿Quién nos pregunta mediante las apariencias “externas”?
Nuestro Niño interior, ese que sigue siendo puramente inocente* aunque no podamos oírlo por los ensordecedores gritos de nuestro cuerpo de juicios, de nuestro ego, que siempre quiere tener razón en vez de ser feliz, que siempre pone sus interpretaciones por encima de la simple y brillante verdad (y lo hace automáticamente, inconscientemente, como dijimos).
Ese Niño se rompió, sí o sí, al entrar en la demencia del “mundo normal”… y la pregunta que nos está haciendo la vemos y la vivimos, es decir, nos es comunicada por vivencias que piden a gritos que simplemente las sintamos, para dejar escapar el sufrimiento que nos hemos inventado para un Niño que en realidad es completamente inocente, que no puede entender lo que significa sufrir, carecer. Y nos lo hemos inventado en tanto que sufrimiento enlazando todo nuestro sentir a interpretaciones mentales, a juicios, a emociones fragmentantes.
Para hacer tales preguntas usa lo único que tiene a su disposición: aquello con lo que nos identificamos, el mundo de los apegos, el de ahí “fuera”… el del universo, que creemos azaroso pero que no alberga tantas casualidades como pensamos.
Cuidado: esta forma de hablar podría confundirnos, ya que en realidad podríamos pensar que es esa misma instancia interior, esa a la que atribuimos una cierta potencia o pureza infinita para poder sanarnos… es la que está “mala”.
No, esto es solo una forma de hablar para decir que:
- si consiguiéramos volver a ser “inocentes”, es decir, integrarnos con nuestro Niño interior (con lo real del núcleo que no entiende todas las interpretaciones mentales, todas las simulaciones y componendas que forman nuestro mundo demente)…
- y tanto como para acometer un cierto borrarnos la mente, un constante renacer que integra… y poder así “re-interpretar” todo de este modo…
- y si, además de ello, automáticamente nos responsabilizáramos al “escuchar” a esos eventos de “fuera” en tanto que tales “preguntas del Niño” (puentes hacia la inocencia y no objetos o situaciones en los que proyectar culpa)… esas preguntas a ser respondidas simplemente con amor… es decir, con el perdón (el perdón de toda percepción)…
- entonces seríamos automáticamente felices —en el sentido de la única felicidad real.
Esto normalmente lo podemos hacer solo instante a instante, progresivamente, aprendiendo a dejar reposar en el cuerpo las preguntas más básicas, y solo en tanto preguntas (sin interpretaciones y respuestas rápidas). Con ello nos vamos convirtiendo, de seres que antes eran preguntas con patas… o que vivían rodeados de preguntas con o sin patas… a seres que tras dejar reposar las preguntas en tanto puro sentir, entonces, y cada vez más, van siendo “respuestas con alas”: que saben que tales preguntas son simplemente el medio para encontrar dentro de sí y cada vez más inmediatamente las alegres respuestas que les dan esas preciosas alas necesarias para escaparse del infierno que llamamos realidad.
Paz y amor
____
* o bien “santo”, otra palabra a perdonar: el Niño es “santo”, y esa palabra tan a veces disonante simplemente significa “perfecto y libre de culpa”, es decir, incapaz de auto-atacarse (culpa = auto-ataque)…: una vez fuimos incapaces de sentir culpa, incapaces de auto-atacarnos con los típicos juicios adultos que nos van conformando la coraza que tiene por costumbre no volar (por querer ser solo pregunta inconsciente, antes que Respuesta Consciente que viene de la única realidad).

Pero si sólo queríamos unas miguitas de pan… (¿Has visto…? Un lindo pajarito…)
Veo ahora tras los meses que llevo con Un Curso de milagros (UCDM) que con este material estamos también “perdonando” este tema fundamental del propósito, la intención.
En realidad podríamos decir que todo trabajo sobre uno mismo significa en definitiva un cierto “perdonarse los propósitos”, es decir, el cuidar las intenciones: ir conectando con ese cierto “centro” emocional profundamente herido del cual arrastramos absurdamente su no-ser, ese no-ser que influye en nuestras reacciones —que dejamos que influya inconscientemente—, en nuestras reacciones automáticas, esas que decimos “emocionales” —en esta nuestra realmente absurda, tarada, demente “edad adulta”.
Así que el Curso también nos vale para perdonar no solo todas las palabrotas de gran parte de la “infame” tradición occidental en “lo religioso”, sino también palabras más “laicas” como: propósito, intención.
A veces —quizá en general— nos sentimos como algo egoístas o incluso maquiavélicos por meramente hablar, en ciertas situaciones, de “propósito” o de “intención”.
Eso es lo que quizá estaríamos perdonando… pues estamos muy equivocados si lo vemos así, si lo vemos en general así .
En UCDM se nos insta a que nos demostremos a nosotros mismos —en la lección 24— que todos normalmente estamos repletos de propósitos más o menos “inconscientes” que nos enloquecen en la vida corriente (vida que normalmente es pura locura, puro sinsentido).
Con Michael Brown de forma individual, y también a veces menos “individualmente” en otros muchos materiales relativos a las terapias en lo “transpersonal”: sobre la sombra al estilo Jung… constelaciones familiares… etc., que también indican claramente que somos “nosotros” quienes nos “curamos” a nosotros mismos…, con Brown de forma individual se nos invita a ¡darnos respiro!, es decir, a un trabajo individual para que explícitamente veamos ese asidero de nuestras reacciones emocionales, asidero que está en la infancia. Enfrentándolo (“poniéndolo enfrente”), nos abrimos a la sanación o al perdón —más o menos explícito y vivencial, con personajes que pueden salir en nuestra mente, por ejemplo— de todas esas reacciones y relaciones…es decir, de nuestra percepción global (desintegrada y desintegrante, convertida en absurdo e infeliz destino) perdonando en un sentido “vivencial” por ejemplo a esos niños que también fueron nuestros familiares (así se hace también en el proceso Hoffman (ver Amor negativo) o al parecer en varios tipos de terapia regresiva).
Digamos que tales reacciones automáticas se fundan en esos mil y un propósitos del mundo del ego (la relación constituyente de nuestro niño roto, al interiorizar el dislate del mundo adulto), propósitos que actúan “a nuestra espalda”, y relativos a “emociones” por tanto fragmentantes, que configuran nuestro centro emocional, partido (que luego conceptualizamos en “miedo”, “tristeza-pesar”, “ira”, como dice Brown), y que compensan o hacen componendas físico-mentales para no ver nuestro núcleo emocional —centro al que en realidad podemos acceder cuidando el fundamental tema de la intención, del propósito. Leer el resto de esta entrada »

Michael Brown: autor de El proceso de la presencia y La alquimia del corazón
¿Por qué es tan importante la mente en lo relativo al sentir?
Las diferentes culturas materiales de las épocas de nuestro sueño-universo influyen en qué conlleva eso que denominamos “sentir”.
Por una parte parece obvio que “el sentir” estaría en el centro de toda “cuestión”. Pongámoslo ahí, en el centro.
Y siguiendo el hilo de eso que no se ve, del sentir, podemos preguntarnos por ejemplo por las claves de cómo se dio en este mundo aquel bárbaro exterminio del “mundo indígena”, cometido por nuestra “metafísica occidental”, hipnotizada como está ella, de esa forma tan desequilibrada —dentro del equilibrio posible entre las dimensiones evolutivas de lo “mental”, lo “físico” y lo “emocional”.
Diríamos que, ante el hecho de que en nuestra “cultura” todo lo indígena podría recordarnos demasiado a nuestro Niño interior —ese que tenemos por norma tan mal integrado— entonces aquellas claves del exterminio tendrían que ver, claro, con ese mismo desequilibrio, el que atenazaría exageradamente a ese Niño interior con el “corazón roto” que todos portamos (ese que siempre tuvo que aprender a simular en vez de a Ser, en una sociedad-de-adultos increíblemente poco integradora de tales “dimensiones”).
Mente
Pero hay dos significados de mente; el primero es muy importante para nosotros, en un primer momento, a la hora de hablar de nuestra integración —es decir, de una forma digamos más “psicológica”.
El segundo es importante a la hora de hablar muy claramente de nuestra liberación o despertar del sueño.
Ambos podrían requerir (para algunos de nosotros) que los distingamos lo mejor posible, en un principio, para así a su vez poder hacer otro tipo de integración de “más alto nivel”:
1.— Un significado de “mente” es el relativo a nuestro desarrollo “psicológico” en sentido amplio de “psicológico”.
Aquí nos interesa comparar las diversas cualidades de nuestra manifestación aparente como seres vivientes; vemos que hay una especie de etapa evolutiva donde se accede preponderantemente a una dimensión mental de la existencia, al “contarnos historias”, como dice Michael Brown (La alquimia del corazón), contarnos historias sobre cosas; esto de entrada supone aceptar los medios que para ello ha dispuesto nuestro mundo adulto de turno (donde siempre en realidad “cuentan los que vencieron”, en el doble sentido de “cuentan”; o bien cuentan las víctimas; todos ellos hablan de forma “tendenciosa”, como dice Brown), y por tanto contarnos nuestra propia historia, configuradora de nuestra “misteriosa” personalidad…, y para con ello, mal que bien… huir de nosotros mismos hacia delante, en tanto que somos un atajo de emociones que han quedado sencillamente reprimidas cuando reflejamos —obviamente sin poder comprender— el mental mundo de los adultos (“represión” primordial y sucesivos actos relativos a la simulación).
“Huimos”, por tanto, tal y como lo decíamos ya en Amor negativo…: huimos partiendo desde una etapa digamos más “solo emocional”, en la etapa infantil.
2.— Otro significado de “mente” sería el fundamental, y estaría muy directamente relacionado con nuestra liberación del sueño como un “todo” (liberación o despertar del sueño).
Lo hemos tratado ya algunas veces por aquí, aunque no hemos hablado del problema de la palabra “mente” en sí.
Todo el universo es una especie de error de percepción de la mente que se cree dividida. Tal división no existe, pero para demostrárselo a sí misma y para con ello creer que atacamos a nuestro verdadero Creador o a nuestra verdadera Fuente, “tuvimos que” proyectar todo un universo (falso, de la percepción), donde venimos a hacernos los inocentes, a sufrir aparentemente, etc.
Sin embargo, solo existe el amor perfecto de esa Mente que nos creó en tanto que en realidad nosotros no estamos aquí, donde sin embargo creemos estar, en el universo físico: en cuerpos físicos contándonos historias conceptual-mentales para digerir falsamente unas vidas ilusorias basadas en la idea falsa de la separación.
No estamos separados por tanto de este último problema, tan “global”; no lo estamos en tanto que aquí nosotros holográficamente repetimos el mismo patrón de “mentes divididas”, configurando con ello —sin creer que somos autores— configurando alrededor nuestro, en el sueño de universo, un cierto patrón de manifestación “externo” de las cosas físico-mentales, patrón que rota alrededor del otro patrón interno o “malla conflictual”, intensa, vibratoria: el del contenido profundo de separación (falso).
El círculo se cierra cuando sabemos (por UCDM por ejemplo) que ese contenido profundo de separación también es una mera idea aunque en dimensiones “cósmicas”: es mente digamos que en un nivel más global.
Así pues, esta responsabilización interna —liberación o despertar— depende de esa “metafísica global” de este apartado 2. En realidad es una especie de última anti-metafísica. Ésta nos permite “comprender” rápidamente —directamente, en tanto seres mentales en el sentido 1— un cierto “cómo” fundamental acerca de nuestra liberación del universo —liberación de los apegos en tanto que somos responsables de ellos como seres que proyectamos desde nuestro centro vibracional…, responsables de cómo vivimos la experiencia programada por el Ello-ego-universo para auto-engañarnos proyectando separación.
Quizá las culturas “más integradas” (llamadas “primitivas”), y quizá por no estar, como nosotros, tan hipnotizados con lo mental y lo físico, permitirían de cierta forma que se pueda ver mejor tanto la “dimensión de integración” en 1, como la dimensión “global” de 2 (a partir de ahora usaremos esos números —1 y 2— para referirnos a la dimensión involucrada —de “integración psicológica”— en 1, y a la de “liberación global” o despertar del sueño en 2).
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¡Amor negativo! He aquí un texto fantástico para presentar un proceso de limpieza de nuestros patrones heredados (¡siento decirlo, pero todos estamos muy enfermos!):
- «Amor negativo» (Hoffman) [pdf]
Es un texto que puede resultar muy útil debido a que presenta este concepto fundamental de: “amor negativo”*.
“Amor negativo” es la mayor “contradicción” que podamos concebir, ya que, como sabemos, el amor no tiene opuestos.
Pero precisamente en esta locura se basan todas nuestras vidas, en la ilusoria dualidad en la que creemos vivir; se basan, por ello, en dar pie a la ilusión de que se puede concebir un “amor negativo”, es decir, en que el amor puede ser atacado.
El universo de cuerpos fue puesto en marcha en tanto que un imaginado y loco ataque al Amor; es decir, se fabricó en tanto “amor negativo”; y por ello los cuerpos aquí parece que no pueden hacer otra cosa que huir constantemente hacia delante, hasta “madurar” (y poder así despertar de la pesadilla).
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Índice
- Introducción
- Notas sobre el movimiento recíproco del soñar como índice de la (pseudo)unidad del Ello
Introducción
Sigamos “comprobando” cómo el universo es un sueño.
Dice la wikipedia:
«Es precisamente a través de la alquimia como Jung se percató de que el inconsciente es un proceso dinámico, recíproco y bidireccional entre el yo y los contenidos de lo inconsciente, verificable a nivel individual, por los sueños y las fantasías, y a nivel colectivo, en los diversos sistemas religiosos y en la transmutación de sus símbolos.»
Y también, poco antes: «…se extrae la existencia de un proceso de transmutación arquetípica que evoluciona durante los siglos».
Y mira por dónde que en esa transmutación de símbolos quizá debemos incorporar a los famosos y muy new age círculos de las cosechas, o crop circles.
Ahora traigamos otra observación sobre nuestro contexto de siempre (Gary Renard, en “Tu realidad inmortal”, p. 36):
«La razón por la que todo está conectado es que solo hay una ilusión, tal como solo hay un Dios. Pero Dios no tiene nada que ver con la ilusión.»
La ilusión, como sabemos, es el sueño que venimos aquí a vivir fragmentariamente, al universo; y diríamos que así nosotros parece como si redobláramos por nosotros mismos la ilusión, como si en parte estuviera en nuestras manos hacer algo con su intrínseca in-sustancialidad (y de hecho parece estarlo: lo está al menos el dejar de creer en ella, esa sutil cosa que se nos pide desde siempre, amablemente, que vayamos haciendo, dejar de creer en la irrealidad del sueño)…, como si la alimentáramos…, con las ilusiones de la separación exacerbada que representan estos miles de ciclos de aparente vida.
En concreto tenemos una modalidad de —llamémoslas— “técnicas de separación” (nuestra civilización “informático-económica”, etc.), técnicas soñadas y activas en y por estas civilizaciones…, una modalidad de separación digamos que a su estilo muy exacerbada. Por tanto, podría parecer lógico que el “gran Ello” haga algo, que conteste (ya sabemos, el universo-Ego de la separación vive de o ama el conjugar opuestos en tanto que opuestos, sin dejar que uno disuelva al otro de forma natural —la dualidad es o parece ser el motor).
¿Todo esto a cuento de qué? Porque en el texto de Renard se nos da también un pequeño comentario rápido acerca de los círculos de las cosechas (en ‘la desaparición del universo’, cerca del final del cap. 5) donde se viene a decir que éstos son básicamente proyectados por la (in)consciencia global, por esa ilusión que es una sola…, por el Ello en su pseudo-unidad…, por la ilusión global digamos que en una dimensión aparentemente más unificada.
¿Se trata pues de una reacción lógica —mirándolo desde el aspecto histórico— en este sueño de universo… una reacción de la mente-global-ego cuando los estados de civilización exacerban lo fragmentario-analítico —aparte de que quizá se podría aprender a mirar también desde el aspecto astrológico?
Lo digo, claro por aquel “proceso dinámico, recíproco y bidireccional” de la primera cita de la wikipedia, cuando explican a Jung.
Por tanto, y como sabemos, tan esotéricos son y serán —y tan misteriosos…:
— todos estos simpáticos círculos de las cosechas…
— así como el hecho aparentemente natural de que estemos aparentemente vivos en tanto cuerpos, es decir, vehiculados aquí… que encarnemos todos estos cuerpos “biológicos”, tan aparentemente naturales… que se proyectarían también desde el Ello, igual de poco o muy misteriosamente
.
Notas sobre la dinámica del movimiento recíproco del soñar como índice de la (pseudo)unidad del Ello
Un ejemplo de sueño: “consciencia oceánica”.
Quizá hayáis tenido sueños reconfortantes donde la protagonista era el agua, grandes masas de agua. Estos son quizá anuncios interpretables espiritualmente; es decir, serían una metabolización trans-egoica del inconsciente que anuncia la etapa transegoica que nos espera a todos nosotros, a ese cacho ilusoriamente separado de Cielo que todos somos… reencarnando ilusoriamente en estas “vidas” (auto)sometidas a la dualidad y al juicio. Leer el resto de esta entrada »